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Rayén Quitral: la soprano mapuche con voz de fuego

Rayén Quitral: la soprano mapuche con voz de fuego

15 septiembre, 201710Views

Fueron miles las personas que junto a las máximas autoridades del país, asistieron a la apertura del Estadio Nacional en diciembre del año 1938. De las diversas actividades que fueron organizadas para animar la histórica jornada, hubo una que sorprendió a la entusiasta audiencia: la potente voz de una joven maulina de 22 años que, a capella -es decir, sin micrófono- interpretó el himno nacional.

Ella era María Georgina Quitral Espinoza. Si bien diversas localidades se atribuyen su nacimiento, según el investigador Marcelo Quitral, vio la luz en 1916 en Iloca, en la costa curicana. Pocos detalles se conocen de su infancia y de sus inicios en el canto. Solo se ha podido establecer que, al morir su padre, la familia se trasladó a San Javier de Loncomilla, en la provincia de Talca. Que tuvo dos hermanos, Elsa y René. Que a los 15 ó 16 años fue madre adolescente de una criatura que fue entregada en adopción. Y que aproximadamente a esa misma edad un santiaguino se la llevó a ella y a su madre a la capital, tras haberla escuchado cantar.

LA “FLOR DE FUEGO”

Marcelo Quitral, investigador de la obra de la soprano y autor del documental “Rayén Quitral: la alondra de Iloca” escribió que “luego de su presentación en el Estadio Nacional, en la que fue ovacionada por las autoridades de la época, el presidente chileno Gabriel González Videla y el argentino José Domingo Perón, su vida dio un vuelco en lo artístico. Rayén jamás imaginó que tres años después tendría un importante rol en la ópera. Fue solicitada en Brasil, Estados Unidos y Europa donde cantó en inglés y alemán acompañada por el tenor mexicano Juan Arvizu”.

Lo cierto es que la “Alondra mágica”, como se le apodó, fue aclamada más allá de las fronteras nacionales. Su voz la llevó a presentarse en el Teatro Colón de Buenos Aires, dando vida al rol que le dio el mayor reconocimiento, el de “la Reina de la noche” en la ópera de Mozart, “La flauta mágica”, que interpretó también en el Royal Opera House Covent Garden de Londres, junto a los intérpretes más destacados de la época. Desde allí siguió a Uruguay, Perú, Estados Unidos, estuvo becada en Alemania y se presentó en escenarios de Canadá, Inglaterra, Francia, Italia, Brasil, Cuba y México.

TRIBUTO MAPUCHE

Orgullosa de sus raíces, la intérprete decidió cambiar su nombre y usar “Rayén” (“flor de fuego” en mapudungun) en su carrera musical.

Pero su tributo fue más allá. Con orgullo lucía trajes y joyas de la cultura mapuche, mientras que en su repertorio -que paseó los escenarios más célebres de la lírica-, destacaban desde las más conocidas arias de óperas italianas, hasta canciones tradicionales como “El copihue rojo” y “Ay, ay, ay”.

“Pionera, indomable, una diva”, son las palabras que Marcelo Quitral usó para definir a la artista.
“A veces de carácter difícil, mujer generosa que lo dio todo en el escenario de la lírica (…) a veces indisciplinada, esforzada y perseverante”, observó.

Lo cierto es que esa perseverancia la llevó a ser acogida en Nueva York por el célebre pianista Claudio Arrau. En la “gran manzana”, él mismo se preocupó de trabajar ciertas vulgaridades en su interpretación y musicalidad. Sin embargo, la audición para el Metropolitan Opera de Nueva York no fue como ambos profesionales habían deseado y aunque el pianista se molestó por el resultado, siempre destacó y valoró la calidad musical de la soprano maulina.

INVISIBILIZACIÓN

Aun así, su carrera no fue fácil y el juicio sobre su talento y trabajo vocal en Chile fue severo. Además, según explicó la profesora de educación musical y programadora de las Radioemisoras de la Universidad de Talca, Adriana Contardo, el hecho de ser mujer dificultó su quehacer.

“Ante todo el debate surgido en estos últimos tiempos por la participación femenina en nuestra sociedad, hay que decir que la escena musical no se salva de la invisibilización y la falta de oportunidades para el género. Éste es un factor que afecta incluso la propia percepción que tienen o han tenido de sí mismas quienes han decidido incursionar en este mundo”, relató.

“Y aunque las mujeres talentosas en todos los géneros musicales abundan y hay grandes compositoras, investigadoras e intérpretes como el caso de Rayén Quitral, el conocimiento popular haría pensar que sólo existen Violeta Parra o Margot Loyola como únicas grandes artistas nacionales”, agregó la profesional quien se encuentra a cargo del proyecto de investigación “Interacciones Musicales: Propuesta radiofónica para la difusión de la creación interpretación e investigación de la música docta femenina chilena”.

En cuanto a las razones que explican esta falta de reconocimiento, Contardo lo atribuyó a que existe un imaginario histórico que identifica al genio como masculino, dotando al talento artístico con características esencialmente masculinas, como la autoafirmación, el egocentrismo, la ambición, la provocación o la promiscuidad.

“Características que, en una mujer, están todas mal vistas y por ello se les disuade de ejercerlas. Existe un gran desconocimiento de las grandes compositoras, apenas se mencionan a lo largo de la historia, de cantantes, instrumentistas o compositoras que se enfrentaron a una sociedad plagada de desigualdades lo que en muchos casos provocó la partida de estas mujeres fuera de Chile en busca de mejores oportunidades de desarrollo artístico y personal”, explicó.

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