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Juegos típicos: Entretención que une generaciones

Juegos típicos: Entretención que une generaciones

De diversos colores, tamaños y diseños, el trompo, el emboque y el volantín son algunos de los pasatiempos clásicos de la cultura popular. Pese al desarrollo tecnológico son tradiciones que se resisten a desaparecer.

Toda una vida ligado a los volantines lleva Víctor Troncoso. Desde niño los encumbraba con su padre y sus hermanos, hoy los fabrica en su taller y los comercializa. También es un hábil competidor, logrando importantes triunfos en la disciplina.
Es uno de los pocos representantes de su rubro que aún existen. Y es que esta práctica se encuentra en riesgo de desaparecer. Aunque en septiembre la gente se acerca a Víctor para comprar sus productos, el resto del año lo olvidan. “Las ventas se mantienen en la temporada no más y después nosotros los viejos seguimos encumbrando o jugando, porque después del 18 muere la tradición, la gente sigue con sus cosas”.
Para él esta es una actividad que continúa todo el año. “Trueno, que significa Talca, es el club en que competimos, hacemos partidos para afuera después de la temporada del volantín. Primero nos dedicamos a las ventas y después a competir con equipos de Santiago, Rancagua, San Fernando, Curicó y Parral. Hay una amistad con todos los jugadores y vamos a elevar al cerro La Virgen, donde no hay cableado”.
Durante el día, Víctor es cartero y cuando llega a su casa se dedica a su pasión. “En la noche pongo la radio, me pongo a escuchar música y armo cantidades. En esta mesa pongo de a treinta palillos y a medida que se va secando el pegamento se van armando. Antiguamente trabajábamos con cola, había que calentarla, se enfriaba y volver a calentar. También hacíamos el madero, ahora es bambú, antes era de colihue que era mucho mejor pero ya no lo trabajan. Ahora viene todo armado de China”.
La familia Troncoso lleva este pasatiempo en la sangre. “Nuestros hijos están haciendo lo mismo que nosotros para que no muera el volantín. Se trata de que siempre exista, porque es un deporte muy bonito que toda la familia practica. Mi papá nos inculcó el volantín y mi hermano también nos enseñó. A mi hijo también le gusta el volantín, pero él es profesional, se dedica a su trabajo y en los tiempos libres le enseña a sus hijos para que no acabe la tradición en la familia”, asevera Víctor.

La raíz de la tradición

Jaime González, licenciado en Historia y miembro de la Academia Chilena de la Historia, explica que muchos de estos pasatiempos “surgieron de las propias actividades agrícolas de los campesinos. Por ejemplo, la trilla era un juego, se competía cuál de todos los jinetes sacaba trigo más rápido. Se ponía un montón de trigo y los caballos giraban alrededor. El rodeo, las tiraduras en rienda, el lazo, el palo encebado. Todas esas eran cosas que surgían de las labores agrícolas en el campo y que luego se fueron mecanizando”.
Recuerda que antes los volantines eran un pasatiempo muy popular. “Hace unos 25 años la Alameda de Talca se llenaba de vendedores de volantines con hilo, con carretes enormes. Ahora casi no hay vendedores porque son muy pocas las personas que los compran y los elevan”.
Pero ese no es el único juego popular que corre peligro. De acuerdo al historiador, “la mayoría de los juegos típicos del Maule, como el trompo, el volantín, la rayuela, han desaparecido o están desapareciendo por eso que hace ese niño allí: jugar en una pantalla. Hoy día el avance de la tecnología hace que los juegos sean más mentales, digitales, con los dedos”.
Esto ha significado que junto con estas prácticas, exista el riesgo de que se borre también una parte de la identidad local. “Estamos perdiendo el folclore, estamos perdiendo las tradiciones. Si eso es bueno o es malo, eso solo lo va a decir el tiempo. Estamos siendo testigos de un Chile que ya se está perdiendo, un Chile que ya pasó. Está desapareciendo parte de nuestra alma nacional”, declara Jaime González.

Traspaso cultural

Pablo González, antropólogo y Director de Vinculación con el Medio de la Universidad de Talca, destaca la importancia de este tipo de actividades para los pueblos. “Hay elementos que generan sentido de pertenencia. Las costumbres y las tradiciones son parte de eso. Son elementos que generan identidad y eso es fundamental”.
Sin embargo, explica que éstas no son estáticas, sino que cambian con el tiempo. “Pero finalmente las costumbres, así como el sentido de pertenencia, son conceptos súper dinámicos que van cambiando con el tiempo y en el fondo se van nutriendo. El tema de la identidad cultural del Maule no es que se persiga para capturarla y decir “el Maule tiene esta identidad, porque es tan dinámica y cambiante que finalmente hay elementos que le dan el carácter a un pueblo, y esos elementos están en las tradiciones y son los que hay que tratar de encontrar y resaltar, o fortalecer o potenciar”, argumenta el antropólogo.
En cuanto a los aportes de juegos populares como el volantín o la rayuela, González les atribuye grandes beneficios. “A parte de desarrollar las competencias genéricas, de trabajo en equipo, liderazgo y toma de decisiones, potencian las identidades colectivas, el sentido de grupo o de equipo, el sentido de pertenencia, de colaboración. Juegos de ese tipo permiten generar una convivencia sana”.
Otra importante utilidad de mantener estas prácticas es el vínculo intergeneracional. “Se logra apreciar al adulto mayor, valorarlo por el conocimiento que tiene, por la experiencia, esa experiencia se traspasa como un aprendizaje y se van construyendo los relatos”.