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El legado vivo de Margot Loyola

El legado vivo de Margot Loyola

A cuatro años de su muerte y cien de su natalicio, el trabajo de la maestra sigue vigente. A través de su investigación y de sus alumnos, su presencia inmaterial se siente fuerte en el mundo artístico y académico.

Profesora, cantora, folclorista e investigadora, son algunos de los roles que Margot Loyola cumplió durante sus 96 años de vida. La llamada “Andariega de Chile”, recorrió el país recopilando las diversas melodías que conforman nuestro patrimonio musical, rescatando parte importante de la identidad del pueblo chileno. Al cumplirse cien años de su natalicio, la Universidad de Talca realizó un simposio internacional que lleva su nombre. Amigos, estudiosos y admiradores de Loyola se congregaron durante dos días para conocer más acerca de su vida y su labor.
Nacida en Linares en 1918, su historia artística comienza tempranamente, junto a su madre. Osvaldo Cádiz, su viudo, coinvestigador y actual director de la Academia Nacional de Cultura Tradicional Margot Loyola Palacios, explica que “su pasión nace, como dijo ella, desde que estaba en el vientre de la madre, porque su madre tocaba tonadas, tocaba piano, entonces ella sentía el ritmo de la guitarra cuando se estaba gestando. Además de eso, se cría en un ambiente lleno de tradiciones, de cantores, de artesanía, un mundo impresionante de coloridos en Rari”.
El trabajo de la investigadora la llevó a recorrer el país conociendo, escuchando y reuniendo melodías de todos los rincones. Sin embargo, Cádiz relata que la folclorista estaba profundamente ligada a la Región del Maule, que la vio nacer, crecer y donde comenzó su quehacer musical. “Margot se sentía cantora maucha y cada cierto tiempo tenía que volver a su tierra, respirar su aire y ver sus rostros”.
Su labor permitió llevar las tradiciones locales al resto del país. “Ella fue como el puente entre las comunidades que tenían esta cultura y las comunidades que no la tenían. Ella fue el puente que inquietó y fue dándonos a conocer Chile a lo largo de todo el país, porque te vas a dar cuenta que nosotros no somos un solo chileno. Desde sus primeros recitales siempre daba a conocer el norte, el pueblo Mapuche, el salón, el campo, toda una gama que nos fuera identificando como chilenos”, explica Cádiz.

Fotos gentileza Osvaldo Cádiz

Una herencia vigente

Respecto a la labor que desarrollaron como maestros, el folclorista recuerda que cuando hablaban con la gente joven les decían “nosotros no queremos imponer un criterio, nadie tiene la verdad absoluta. Solamente queremos mostrar ventanas, caminos, puertas y ustedes sabrán que camino quieren tomar, por qué ventana quieren mirar, pero lo que hagan háganlo en profundidad, no improvisen”. Fue así como formaron exponentes del folclore nacional y que hoy viven las enseñanzas de la maestra.
Sofía Painequeo, cantora Mapuche y amiga de Loyola la recuerda con mucho afecto. “Para mí, primero que nada es una amiga, una mujer conocedora del mundo, de la vida real, Mapuche, campesina. Una maestra que se dedicó a escuchar a la gente, a interpretar sus pensamientos, su vida, a enseñar, a corregir muchos errores”.
Destaca también su rol como investigadora, “ha hecho ese enlace entre las culturas mismas y que es importante porque ella hizo una recopilación del kimün, del saber. No solamente un canto superficial sino el fondo, el significado de la cultura, el conocer más allá de que tenga una bonita voz o que le cante a los pájaros y no saber por qué le cantó a ese pájaro”, explica la artista.
Además de la música, esta amistad estaba marcada por un interés común. De acuerdo a Painaquén, la folclorista “creó desde su ser esa relación que siempre amó con el entorno, con la tierra, y en eso tenía también todo ese deseo, esa necesidad de todos los pueblos originarios. Porque esa es nuestra principal lucha de amar y de querer la tierra, y de cuidarla”.
La docente de la Universidad de Talca, Verónica Reyes, fue también alumna y muy cercana a Margot Loyola. Luego de terminar su licenciatura en Música, se integró al Conjunto Folclórico Palomar, que dirigían Loyola y Cádiz. “No es solo una agrupación que hace presentaciones, sino que es escuela, se puede aprender ahí también y por eso llegué ahí. Me hacía falta ese aprendizaje respecto al folclore y era un excelente lugar por la labor que había realizado y seguían realizando Margot con Osvaldo”, destaca Reyes.
En cuanto al aporte profesional de esta experiencia en su vida, la docente resume, “mi principal aprendizaje fue, por un lado un descubrimiento de lo que la Margot llama el “Chile Profundo”, que si bien yo lo había leído e indagado, mientras no se experimente en verdad no se conoce. En ese sentido se abre un mundo, especialmente si uno viene del Conservatorio y ha crecido en la gran ciudad. Por otro lado conocí el respeto por el otro y su cultura, que tampoco es algo muy visto en la sociedad”.
La recuerda como “exigente, fuerte, la energía de Margot era impactante. Yo tuve la suerte de estar con ella pocos días antes de que muriera en su casa y aún en su estado, muy viejita, hablaba y sacaba su voz, y siempre hablaba fuerte. No era un grito, era una imponencia. Eso siempre me llamaba la atención, la fuerza con que defendía el respeto al otro, la fuerza con la que acogía, la apertura de su casa era impresionante. Músicos de todo ámbito y también de otras disciplinas llegaban a su casa, conversar y estar allí era una posibilidad. Esa disposición a enseñar al que quisiera aprender”.

“Folclor Imaginario”

Daniel Riveros, cantante chileno más conocido como Gepe, también se vio influenciado por el trabajo de la maestra. “Todo lo que hemos hecho con el equipo de músicos y productores alrededor del trabajo de Margot Loyola, a partir del disco ‘Folclor Imaginario’, ha sido una inspiración nueva, una revitalización de un montón de cosas creativas también en mí y cosas que a partir de canciones nuevas que he estado haciendo ahora no he dejado de pensar o de tenerla inconscientemente presente. Por lo tanto en todo sentido es muy importante”.
Su relación con Loyola comenzó hace seis años. “Tuve la suerte de conocerla el año 2013 y lo que capté en ella es lo que me gusta a mí de los músicos geniales o de los artistas geniales, es que, por mucho que ella haya tenido en ese tiempo 90 y algo, tenía una fuerza vital que realmente la tienen solo los grandes artistas, independiente de la edad que tengan y la disciplina artística que realicen. Ella tenía una fuerza que fue lo que me inspiró”, declara el artista.
Para Gepe la maestra representa a toda una cultura. “Margot Loyola para mí es como el pueblo mismo. Ella es el pueblo, es la gente. Su trabajo es retratar al pueblo pasando a través de ella, como si fuera un embudo, una cosa así. Así la siento yo. Uno no canta canciones de Margot Loyola, uno canta canciones del pueblo chileno que ella nos hizo recordar”.

Presentación artista nacional Gepe
Simposio Internacional Margot Loyola, UTalca 2019