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La deuda de la sociedad con el empoderamiento femenino

La deuda de la sociedad con el empoderamiento femenino

Marzo 12, 201849Views

Camila Alvarado, joven estudiante de 24 años, caminaba tranquila por las calles del centro de Talca para realizar diligencias. Es verano y para sentirse más fresca usa una polera sin mangas y shorts cortos.
En una de las calles por las que debía transitar advirtió que había cerca de una decena de hombres trabajando. Sintió incomodidad porque –salvo ellos- la vereda estaba sola. Al pasar por el lugar el grupo reaccionó de inmediato a su presencia, lanzando una serie de inapropiados comentarios de índole sexual.
Perturbada por la situación, apuró el paso hasta llegar a la esquina donde dos adultas mayores, que habían observado la situación, lejos de manifestarle su apoyo justificaron la actitud de los obreros por la vestimenta que llevaba la joven.
De estar tranquila, Camila pasó a nerviosa, invadida por un sentimiento de inseguridad respecto de su forma de vestir, pero también sintiéndose humillada por los duros cuestionamientos de sus congéneres.

RESPONSABILIDAD

Situaciones como esta ocurren tanto en Chile como en el mundo y muchas veces, al igual que en este caso, son avaladas por una sociedad en que el machismo tiene diversas manifestaciones, entre ellas, “responsabilizar” a la víctima de haber generado las condiciones para ser violentada.
La psicóloga Patricia Bravo, académica de Universidad de Talca y especialista en las líneas trauma, apego y maltrato en psicología social, atribuyó este tipo de conductas a una problemática sociocultural.
“Es muy común escuchar este tipo de comentarios a través de la amplia gama de rangos etarios, desde jóvenes adolescentes hasta adultos mayores. En este aspecto, la responsabilidad se le endosa a la mujer, ya que vivimos en una sociedad que ejerce mucha violencia de género, la cual se enmarca dentro de una problemática sociocultural, siendo además considerada como una problemática de salud pública por la Organización Mundial de la Salud (OMS)”, explicó.
Bravo recordó que en 1996 Naciones Unidas definió como todo acto de violencia de género aquel que genere como resultado un daño físico, sexual o psicológico para la mujer, inclusive las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la privada.
“Este tipo de violencia y, en especial, su naturalización, puede relacionarse con la persistencia del dominio patriarcal, el cual bajo este mandato hegemónico, ampara estas formas de violencia”, agregó la especialista.
Por su parte la Directora Regional del Servicio Nacional de la Mujer y Equidad de Género (Sernameg), Pilar Melo, coincidió con Bravo en que el abuso de poder de una sociedad patriarcal vulnera la mujer por su género.
“Hay un abuso de poder. La violencia siempre es justificada y naturalizada. Por eso generalmente se traspasa esta responsabilidad cuando se vive en violencia. Por ejemplo, en este caso de la joven en un espacio público. Decir que ella estaba vestida de manera provocativa es generado por estereotipos que buscan responsabilizar a la mujer porque en definitiva hemos tenido relaciones de poder asimétricas. Nadie le pregunta si quiere recibir el piropo o las miradas, eso es unidireccional y provoca en ella un daño psicológico”, comentó.
En este contexto, la académica de la UTALCA sostuvo que al traspasar la responsabilidad a la mujer lo que se hace es validar la conducta del agresor, “lo cual es un absoluto error, pues al no visualizar esta dinámica se mantiene y perpetúa como una conducta aceptada”.

CONCIENCIA SOCIAL

¿Cómo cambiar este modelo? A juicio de Bravo se requiere de una toma de conciencia que haga que las personas acepten y reconozcan episodios como el que vivió Camila Alvarado son inapropiados.
“En ese tipo de comentarios existen componentes asociados a la violencia de género, al machismo y, finalmente, a ignorar cómo la persona que está siendo vulnerada, en este caso mujeres, se están sintiendo en aquel momento. De esta manera, dado que la sociedad acepta y no logra reconocer este tipo de situaciones como abusivas, es que se continúan perpetuando como algo aceptado socialmente, cosificando el rol de la mujer y no considerando al otro como persona sujeta de derechos y deberes”, argumentó.
En este contexto, la ex jefa de la Unidad de Víctimas y Testigos del Ministerio Público en la región del Maule y actual abogada de la Dirección Jurídica de la Universidad de Talca. Isabel Hernández, añadió que el acceso a la información y la educación a nivel transversal y desde las etapas primarias son claves para ir rompiendo este esquema.
“El conocimiento es lo que nos ayuda a avanzar en estas materias y empoderar en esto pasa por entregar información porque existe, por ejemplo, gran desconocimiento sobre normas de acoso sexual, laboral, de violencia de género, incluso sobre delitos sexuales”, indicó.
No obstante, la profesional señaló que “no solo se empodera a la mujer entregándole información, sino que debe llegar a todos, comprendiendo que esto no es un problema privativo de ellas, sino que nos afecta como sociedad. En la medida que entendamos eso, que los hombres también deben hacerse partícipes y no hacer como que no vieron o no escucharon, que no es problema de ellos sino que una cuestión cultural y que decir cosas como que ‘esta persona no acosa, lo hace porque está acostumbrado a que así sea’, lo que hace es normalizar y minimizar el tema”.
“Hacer normal conductas que no deben serlo, o minimizar conductas que son relevantes y que afectan a otro son probablemente los agentes que de mayor manera afectan el hecho de que no podamos avanzar en temáticas de género, por lo tanto, me parece que la manera de empoderar a una mujer es entregándole información, pero también hacer conscientes a los hombres del rol que les cabe a ellos”, subrayó.

CLAVE: LA FAMILIA

Isabel Hernández remarcó que en este ámbito el primer factor de cambio está en el núcleo familiar. “Cuando hablo de educación hablo de educación al interior de las familias, en los jardines, colegios, universidades, pero en el caso de las familias sin duda que el ejemplo es más relevante que el discurso,”, indicó.
En este punto, la académica de la Universidad de Talca Patricia Bravo, explicó que la enseñanza hacia los niños es fundamental y debe comenzar por acciones concretas, principalmente en el contexto más próximo y significativo para el niño: la familia y sus dinámicas interaccionales al interior de ésta.
“Las formas relacionales que existen en la familia, sobre todo con sus figuras de cuidado parental, son principalmente adquiridas desde la primera infancia y es el niño, a través del aprendizaje por modelaje, que observa estas pautas de interacción y luego las replica en sus relaciones con sus pares, en el pololeo en la adolescencia y más adelante en sus parejas románticas en la adultez. De esta forma, enseñar a los niños a que visualicen lo que es adecuado o no, tiene directa relación con la interacción y el trato que reciben y que ven de sus padres, hermanos, abuelos e integrantes de su grupo familiar con quien vive a diario”, observó.
“Así es como, en la medida en que estas dinámicas presentan componentes abusivos y maltratantes a los cuales el niño está expuesto, puede incluso llegar a replicarse estas pautas de violencia de manera transgeneracional, es decir, repetir una y otra vez a través de las generaciones siguientes este mismo patrón. Todo ello ocurre si es que no se detiene a tiempo este círculo de violencia y el ejercicio de la violencia de género dentro de la familia no es identificado de manera temprana”, detalló.
La académica recomendó “educar con base al respeto a los gustos propios y los ajenos y no estereotipar conductas de género, por ejemplo considerando que no existen juguetes para mujeres ni para hombres, ni actividades y/o juegos exclusivos de cada género, contribuirá a desarrollar en el niño un sentido de igualdad y respeto frente al otro género”.

LABOR DEL ESTADO

Consciente de que la educación debe comenzar desde la infancia, el Sernameg realiza un trabajo de prevención sobre violencia de género con el fin de promover el desarrollo integral e igualitario entre hombres y mujeres.
“Queremos desnaturalizar este tipo de situaciones. Por eso estamos trabajando con niños y niñas en talleres de formación que permitan avanzar en masculinidades igualitarias y en mujeres empoderadas y autónomas. Pero también educamos a la mujer, porque estos problemas de acoso y agresión pueden comenzar desde el hogar y siempre se suelen tolerar por la estabilidad emocional de los hijos”, dijo la Directora Regional del Sernameg, agregó.
Pilar Melo expuso que en materia de violencia de género el ministerio cuenta con dos líneas de acción.
La primera de ellas es la de atención, con la ayuda y respaldo a mujeres que viven en situación de violencia en cualquiera de sus manifestaciones, mientras que la segunda es preventiva, orientada a la capacitación y sensibilización de la población, además de formar a monitoras comunitarias para que puedan entregar estas herramientas en su entorno y asesorar a las víctimas.