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A desnaturalizar el acoso y la violencia de género

A desnaturalizar el acoso y la violencia de género

Marzo 12, 2018441Views

Hace unos días el caso de la periodista Rayén Araya hizo arder las redes sociales. La profesional demandó a la radioemisora en la cual trabajó durante cinco años por al acoso que sufrió como consecuencia de su reciente maternidad, contexto en el que, según declaró, debió soportar comentarios sobre “el cacho que son las minas con guagua”, siendo, además, constantemente “invitada” a presentar su renuncia.
La situación descrita por la profesional encaja en la categoría de “acoso laboral”, una de las diversas formas en que se manifiesta la “violencia de género” que enfrentan muchas féminas por su condición de tales.
“Es uno de los principales problemas sociales de nuestro país. Su origen cultural permite que sea un fenómeno invisible”, señalan desde el ministerio de la Mujer y Equidad de Género (Minmujeryeg).
“En muchas culturas, incluida la chilena, todavía se cree que los hombres tienen derecho a controlar la libertad y la vida de las mujeres”, advirtió la entidad que también reconoció que la violencia “afecta a mujeres de cualquier edad, condición económica y social y de cualquier religión. Puede ocurrir al interior de la pareja, en el trabajo, en los lugares de estudio y en los espacios públicos”.
Por otra parte, la abogada de la dirección de Asuntos Jurídicos de la Universidad de Talca, Isabel Hernández, explicó que este tipo de violencia “es ejercida por una persona en base al sexo o género de otra, y se puede dar a través del hostigamiento, no solo físico sino que también psicológico”.
En este contexto, la profesional abordó los matices que existen entre algunos tipos de acoso. “Por un lado, está el acoso sexual que se da en el ámbito laboral, que ocurre cuando una persona con cierto grado de jefatura ejerce presión sobre un/a subordinado/a para que acceda a una conducta de esa clase a cambio de algún beneficio de orden laboral, y en caso que la víctima no accede puede ver frenado su desarrollo profesional o hasta perder su trabajo”, explicó.

ACOSO SEXUAL

Sexual, laboral, callejero, si bien el acoso puede afectar a todas las personas en los más diversos planos de la vida cotidiana son las mujeres las que más lo sufren, como lo reflejó una encuesta realizada a fines de 2017 por la Corporación Humanas, que reveló que nueve de cada diez chilenas han sufrido acoso sexual durante su vida.
“Las mujeres vivimos con un miedo que traspasamos por generaciones. Que la calle puede ser peligrosa, que hay que cuidarse, y eso no es natural”, dijo la directora de la entidad Carola Carrera, al dar a conocer el sondeo.

ACOSO LABORAL

Isabel Hernández agregó que el acoso de carácter laboral “consiste en hostigar a alguien basado en una cuestión de género, dejando a esa persona -que puede ser hombre o mujer- en manifiesta desventaja respecto de sus compañeros de manera tal que muchas veces el o la afectado/a termina, por ejemplo, por dejar ese empleo”.
En esta categoría entran situaciones como las que vivió la mencionada periodista, que vio a partir del momento en que comunicó su estado de gravidez vio reiteradamente cuestionada su labor profesional.
“Lamentablemente, situaciones de este tipo son relativamente frecuente en algunas empresas o instituciones. No son decisiones corporativas sino que es la forma en que algunas personas con algún grado de jerarquía resuelven enfrentar las situaciones de embarazo”, comentó.

SANCIONES

La abogada de la UTALCA señaló que ante este tipo de conductas existen algunas normativas, como por ejemplo en el Estado el Estatuto Administrativo que rige a los funcionarios públicos, que permiten sancionar a los responsables.
“El acoso laboral podría ser objeto de una acción de tutela ante los tribunales del trabajo”, acotó, al tiempo que -advirtió- el de tipo sexual puede llegar a acarrear responsabilidades administrativas, civiles y penales.
“Todas esas clases de responsabilidades son independientes entre sí, o sea podría arrastrar las tres paralelamente. Por ejemplo, en el caso del Estatuto Administrativo hay sanciones que están asociadas a la persona que ejerce el acoso sexual sea desvinculada en caso de que sea comprobado”, dijo.
“Ahora, si esa situación es constitutiva de abuso sexual, se pueden acarrear responsabilidades penales que tienen aparejadas penas corporales, es decir, que son privativas de libertad”, añadió.

RESISTENCIA

Pese a la existencia de estos instrumentos legales, la profesional reconoció que son sub-utilizadas. “Por razones sumamente explicables hay personas que, lamentablemente, pese a que se han visto afectadas por situaciones como estas tienen una resistencia a exponerse públicamente, temor de que una situación tan personal sea expuesta por un mal manejo de esta clase de herramientas”, observó.
En cuanto a las razones de esta realidad, Hernández mencionó “por una parte, el miedo a la sobreexposición lleva muchas veces a que los sujetos afectados se resistan a intentar esta clase de acciones, y, por otra, la creencia de que no se va a conseguir nada con este tipo de denuncia”.
Por lo anterior, la abogada remarcó la importancia de reforzar el ordenamiento jurídico en todos los ámbitos y, además, que las regulaciones internas de cada organización tiendan a reforzar este tipo de mecanismos para entregar un mensaje público en cuanto a que este tipo de acciones no serán toleradas. En esa línea, a modo de ejemplo, mencionó el trabajo realizado en la UTALCA.
“La Universidad ha hecho un trabajo de interiorizarse y comprometerse con esta clase de materias, por ejemplo, con un protocolo de violencia de género y no discriminación que se desarrolló en mesas de trabajo tripartitas”, comentó.

NUEVO MARCO LEGAL

En tanto, a nivel estatal también se están impulsando nuevas regulaciones. “Hemos generado un proyecto de Ley que modifica la legislación de violencia intrafamiliar y, al mismo tiempo, crea nuevas definiciones e incorpora nuevos contextos de violencia”, dijo en una reciente entrevista la titular del Ministerio de la Mujer y la Equidad de Género, Claudia Pascual.
La autoridad aclaró que de esta forma se busca llenar un vacío, puesto que, por ejemplo, a juicio de la Red chilena contra la Violencia hacia las Mujeres, el cuerpo legal que en 2010 tipificó el femicidio como delito dejó fuera de la definición de violencia femicida las mujeres y niñas violadas y asesinadas por conocidos, amigos, desconocidos, y los crímenes de odio contra lesbianas.
Ante ello, la secretaria de Estado dijo que el proyecto denominado Ley sobre el derecho de las mujeres a una vida libre de violencia, “define formas de violencia más allá de la física, psicológica y sexual, contemplando la violencia económica, simbólica, el acoso sexual callejero, la difusión de imágenes sin consentimiento, entre otras”.
La norma también aumenta las penas de violencia intrafamiliar, y permite la sanción de la violencia en el pololeo o de toda relación íntima sin convivencia bajo el mismo techo. “Con esta legislación, de ser aprobada, Chile formaría parte de aquellos países que están en la segunda generación de normativas de violencia contra las mujeres”, subrayó la ministra Pascual.

ACOSO SEXUAL “CALLEJERO”

Entre las diversas formas de violencia que experimentan las mujeres, en los últimos años se ha reconocido el acoso sexual “callejero”, marco en el cual se debate si los “piropos” entran o no en esta categoría, ámbito en el cual incluso las mujeres tienen opiniones divididas.
Una dualidad que según la Directora de Estudios del Observatorio Contra el Acoso Callejero Josefina Moya, obedece a que es un tema que solo en el último tiempo se ha instalado en la agenda pública.
“Como es un problema medianamente nuevo, la pregunta por si este tipo de actos es tan ‘importante’ o no, es más común de lo que quisiéramos. Con la continuación de la reproducción de conductas dañinas como el mal llamado piropo, la población se hace parte de un problema más grande, que es la violencia de género”, planteó.
La activista señaló que en un país en donde un 71% de las personas (hombres y mujeres) ha tenido una experiencia de acoso callejero traumática, no es posible dejar fuera del análisis este fenómeno, ya que son comentarios sexuales que escapan del objetivo de entablar una conversación con la otra persona.
“El piropo sí es acoso. Es parte de las formas en que el acoso sexual callejero se manifiesta socialmente, y si bien es una de las manifestaciones más leves del fenómeno, es parte de un conjunto de prácticas que fomentan y reproducen la violencia de género. Basta responder un mal llamado ‘piropo’ para que lo ‘tan bello’ que te estaban diciendo se transforme en violencia, en forma de insulto o amedrentamiento, como método para controlar a aquellas mujeres que no se dejan acosar”, remarcó.

IMPACTO

Josefina Moya indicó además que el acoso sexual callejero genera varios impactos psicológicos negativos, especialmente en mujeres, y comienza desde los 12 años en promedio.
“Este impacto se traduce en acciones cotidianas que genera la víctima para evitar el continuo de los abusos, cómo cambiar sus recorridos diarios por temor a reencontrarse con él o los agresores, y cambiar el horario en el que transitan por la calle o toman locomoción pública. Es por esto que muchas personas prefieren caminar acompañadas, modificar sus formas de vestir y,
finalmente, evitar que se las considere ‘culpables’ de haber sido acosadas”, profundizó.