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Los desafíos de la igualdad de género en la vida pública y privada

Los desafíos de la igualdad de género en la vida pública y privada

Marzo 12, 201895Views

Cuesta convencer a Sonia, una mujer casada de Hualañé, que ella es un aporte efectivo para su hogar, ya que desde su punto de vista, no es así.
“Jaime, mi marido, es el que trabaja y se preocupa de que no nos falte nada. Yo sólo estoy en la casa y me preocupo de los niños”, afirmó convencida un día de enero de 2018, momento en que palabras como igualdad de género, equidad e inclusión, ocuparon -y lo siguen haciendo- un lugar destacado en la agenda pública.
Las palabras de esta maulina revelan la gran distancia con que el tema de “igualdad de género” se vive en la cotidianeidad de miles de hogares, donde muchas veces, de manera prácticamente inconsciente, se replican conductas que siguen perpetuando un modelo que valoriza el rol del “proveedor” masculino, en desmedro del trabajo -en este caso doméstico- que realiza su congénere femenina.
Lo que ocurre al interior de este hogar no es menor, ya que según explicó la directora del Centro de Psicología Aplicada (Cepa) de la Universidad de Talca, Soledad Schott, el primer núcleo social en que se evidencia el paradigma de la igualdad o desigualdad de género es en la familia.
“Los estereotipos de género tienen un fuerte arraigo en la socialización que determina qué actividades corresponden a uno u otro sexo y, sin duda, parece familiar la imagen del niño que recibe autitos de regalo, mientras la niña recibe un juego de tacitas”, explicó.

MACHISMO REGIONAL

La profesional del Cepa explicó que la región ha sido particularmente sensible en la reproducción de este modelo. “En el Maule vivimos en una región sumamente machista, en un mundo rural en la que el ‘patriarcado’ ni siquiera se cuestiona”, acotó.
“El patriarcado viene a instalarse como un juego de roles en que los varones han tenido un rol asociado a ser proveedores y las mujeres están preocupadas de las labores del hogar. Esta es una distinción histórica de siglos y que sólo hace muy poco tiempo se comienza a tratar de cambiar con la categoría de género”, detalló.
Soledad Schott agregó que “esta realidad, que para nosotros es habitual, también cambia a nivel regional, por ejemplo, en el sur, que fue colonizado por otras culturas como la alemana o la italiana, mientras que en el campo siguen primando ‘lo masculino y lo femenino, aparte y diferenciado’ aunque algún cambio se ha notado últimamente con la apertura de los jóvenes a la ciudad”.

ROLES

Hace 27 años Chile ratificó la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer, instrumento internacional adoptado por la Asamblea General de Naciones Unidas en 1979, pero la adecuación normativa requerida y los esperados cambios culturales en nuestro país han tomado más tiempo del que se esperaba.
Entre las causas de esta demora Soledad Schott, directora del Cepa de la UTALCA, mencionó las dificultades para erradicar el ‘patriarcado’, cuyos efectos incluso se manifiestan en conductas que trascienden la esfera familiar.
“Estudios señalan que ya desde el Jardín Infantil las mismas educadoras de párvulos transmiten esta inequidad de género, es decir, sobre todo lo que se relaciona con el tema de las matemáticas. Se ha concluido que desde la edad preescolar se incentiva a los niños con las matemáticas y a las niñas con temas de ciencias sociales”, planteó.
La abogada regional del Servicio Nacional de la Mujer y Equidad de Género (Sernameg), Alba López, añadió que “la asignación de roles siempre ha sido motivo de conflicto, toda vez que se ha subordinado a la mujer a la mantención de un rol tradicional de crianza, educación, cuidado de los hijos y/o adultos mayores del hogar, labores todas sin valor de cambio por lo que se menosprecia lo femenino respecto de la asignación del rol de proveedor, o rol masculino. Por esa razón, si usted le pregunta a una mujer mayor qué es lo que hace, con frecuencia ella contestará: ‘soy dueña de casa no más’”.

BRECHA GENERACIONAL

Una percepción que se mantiene fuertemente arraigada en las generaciones mayores, que no logran conciliar los cambios que apuntan a la igualdad de roles.
Ejemplo de lo anterior es lo que vive Marta Pantoja, de 84 años, a quien le cuesta aceptar que cuando su hija visita la casa paterna con su familia, su yerno se atienda solo, sin que su hija corra a servirle.
“Cuando Mario, mi marido, llegaba de su trabajo, yo le tenía el almuerzo listo para servirle. Siempre fui yo la que me preocupé de las cosas de los niños en el colegio, nunca trabajé, siempre fui dueña de casa no más y me preocupé de que funcionara bien para que Mario no se preocupara”, recordó, al tiempo que admitió que no le parece bien que su hija no atienda “como debiera” a su esposo.
Por su parte, la hija de Marta, Ana Riquelme, una periodista curicana que desde hace dos décadas vive en Dinamarca, relató como en esa cultura el tema de la igualdad se encuentra intrínsecamente arraigado.
“No es discurso, allí ni mi marido me ayuda ni yo lo ayudo, nos complementamos en la educación de nuestras hijas, en las tareas de la casa, y somos el primer apoyo cuando se trata de trabajo. Eso sigo sin verlo en Chile, aunque sí reconozco que hay cambios, aunque me sorprende la radicalización de algunas posturas que transforman el binomio hombre/mujer y su relación, en una situación de antagonismo y rivalidad profunda ¡Y no se trata de eso!”, expresó.

IGUALDAD Y EQUIDAD

La académica de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la UTALCA, Fabiola Vergara, señaló que desde un punto de vista formal, en Chile existe igualdad entre hombres y mujeres toda vez que la Constitución Política de la República establece en el artículo 19 numeral 2 que “Hombres y mujeres son iguales ante la ley”, para luego disponer que “ni la Ley ni autoridad alguna podrán establecer diferencias arbitrarias”.
Hecha esta observación, la profesional indicó que la igualdad de género no significa que mujeres y hombres sean lo mismo, sino que los derechos, responsabilidades y oportunidades no dependan del sexo con el que nacieron. “Se define como la igualdad de derechos, responsabilidades y oportunidades de mujeres y hombres, así como de niñas y niños”, observó, tras lo cual añadió que “supone que se tengan en cuenta los intereses, necesidades y prioridades tanto de las mujeres como de los hombres, reconociéndose su diversidad”.
“Es la imparcialidad en el trato que reciben mujeres y hombres de acuerdo con sus necesidades respectivas, ya sea con un trato igualitario o con uno diferenciado pero que se considera equivalente en lo que se refiere a los derechos, beneficios, obligaciones y posibilidades. En el ámbito del desarrollo, un objetivo de equidad de género a menudo requiere incorporar medidas encaminadas a compensar las desventajas históricas y sociales que arrastran las mujeres”, profundizó.
La profesional del Sernameg, Alba López, complementó este concepto. “Consiste en que las diferencias entre hombres y mujeres no produzcan un efecto discriminatorio, que no haya un trato desigual en situaciones idénticas”, dijo.
Por su parte, Soledad Schott añadió un matiz. “A mí me gusta hablar más de equidad que de igualdad, hay que ser súper claros, en lo físico existen elementos que nos hacen diferentes, sin embargo, buscar la equidad es un estado al que sí podemos llegar en distintos ámbitos como el laboral. Históricamente hemos estado en desmedro de los varones en lo laboral, en Chile los porcentajes de incorporación de la mujer han aumentado muy lentamente, cosa que en los países desarrollados se incentiva más debido a que se comprobó que la inclusión femenina aumenta el desarrollo de los países”, añadió.

GÉNERO VERSUS SEXO

En tanto, si bien la igualdad de género se ha impuesto como un objetivo deseable en nuestra sociedad, la profesora Fabiola Vergara señaló que aún queda mucho por avanzar.
“Falta información acerca de qué es género, cómo esta noción se diferencia de la de sexo y, por cierto, mayor comprensión. Esta noción tiene fuertes raigambres socioculturales y, por lo mismo, no es posible introducir modificaciones efectivas con la sola adopción de leyes. Una reflexión interesante a este respecto se produjo a propósito de la discusión de la Ley que penaliza el acoso sexual callejero en público”, acotó.

CAMBIOS

En las últimas décadas tanto en el país como en la región se han impulsado diversas iniciativas orientadas a promover la equidad de género. Así, tanto desde el Estado como de instituciones y organizaciones de la sociedad civil se han desarrollado campañas destinadas a romper con los estereotipos de género, dejando en evidencia que las niñas pueden y deben desarrollarse en todo su potencial.
Con ese mismo objetivo sectores habitualmente asociados al género masculino, como por ejemplo, la minería, han ido abriéndose al mundo femenino al punto que la estatal Codelco, el mayor productor mundial de cobre, se propuso aumentar el porcentaje de mujeres en su dotación total, transformándose así en un importante referente para un sector clave de la economía.
No obstante estos esfuerzos, para que el cambio de paradigma sea efectivo Soledad Schott dijo que hay acciones simples pero de gran impacto, como aquellas relacionadas con el uso del lenguaje, que deben comenzar desde el plano individual.
“Ese es el primer cambio que tiene que ver con cómo nosotros de alguna forma vamos nombrando o poniendo en relieve el género. Por ejemplo, cuando estamos en familia, tendemos a decir ‘mi pareja, el papá de mi hijo, me ayuda con el niño’, lo que es distinto cuando se dice que es el corresponsable del niño”, reflexionó.

OTROS DESAFÍOS

La directora del Cepa añadió que otra línea de trabajo debe apuntar a la generación de políticas que, en el proceso de inclusión laboral femenino, no considere la maternidad como un obstáculo.
“Para trabajar la desigualdad hay que reconocer que hay necesidades distintas. Por ejemplo, cuando una mujer quiere optar a cargos directivos, la flexibilidad horaria es súper importante; el tener apoyo con los cuidados del niño; a nivel de gobierno poder facilitar cuidadores o multiplicar las salas cunas en las empresas. Saber que las carreras profesionales dentro de cualquier entidad no sólo hay que equipararla a nivel de remuneraciones, sino que también favorecerla a nivel de necesidades reales como son la lactancia o el cuidado de los niños, dándole al varón mayores facilidades para poder colaborar”, agregó la directora del CEPA.
Coincidió con ella Alba López, del Sernameg, quien enfatizó que la conciliación en el cambio que provoca la nueva definición de roles se consigue “apelando a un cambio cultural, mejorando el trato entre hombres y mujeres, entendiendo que somos diferentes naturalmente, pero a partir de esas diferencias reconocer igualdad de derechos y oportunidades”.
“Una vez conseguido esto, luchar por obtener no solo oportunidad al acceso, o reconocimiento de igualdad de derechos y oportunidades para las mujeres, sino obtener la equidad de género que consiste en que hombres y mujeres accedan con justicia e igualdad al uso, control y beneficio de los bienes y servicios de la sociedad”, remarcó.