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Ciudadanos participativos: El aprendizaje desde la experiencia

Ciudadanos participativos: El aprendizaje desde la experiencia

Las diferentes reformas curriculares que se han realizado en el sistema educacional chileno tuvieron como resultado a una generación completa sin Educación Cívica formal. Sin embargo, es esta misma la que se ha manifestado para poner en evidencia diferentes demandas sociales.

La Revolución Pingüina de 2006, las marchas universitarias de 2011 y la Revolución de los 30 pesos, están en todos los registros históricos de Chile como movilizaciones que forjaron un cambio en la agenda y prioridades del país. Todas estas, protagonizadas por jóvenes que no tuvieron civismo en sus currículos escolares, lo que ha tenido como consecuencia una autoformación en estos conocimientos, los cuales, de acuerdo con los expertos, han sido adquiridos a través de la experiencia social. Paulo Hidalgo, sociólogo y académico de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la UTalca, explica que “los jóvenes también se van socializando entre ellos, van a la universidad, se va formando una cierta conciencia democrática, participativa, de colectivo social que también es importante”. Además, agrega que a pesar de que no han tenido una Educación Cívica formal en colegios, sí han tenido una socialización política importante, “son muchachos que ya se han manifestado el 2011 por una educación más inclusiva, son chicos que si tú rastreas para atrás el 2006 se movilizaron por temas educativos y también ha sido la punta de lanza de una expresión en una movilización social masiva y muy fuerte que pone en el tapete en Chile los problemas de largo arrastre sobre desigualdad social”.
La psicóloga educacional y académica de la Facultad de Psicología de la UTalca Carolina Iturra concuerda en que es un conocimiento más experiencial, ya que “cuando uno escucha parte importante de los discursos de las peticiones del movimiento social que se ha generado, uno entiende que están luchado por derechos que están declarados y que son conscientes de éstos. Uno podría decir: Ojo, creo que esta generación tiene más conciencia de que falta un cumplimiento de sus derechos básicos, un cumplimiento más razonable, más digno”, reflexiona.
Por otra parte, el abogado Isaac Ravetllat, director del Centro de Estudios sobre los Derechos de la Infancia y la Adolescencia (Cedia) de la UTalca, advierte que, si bien esta generación se ha autoformado, aún existen ciertas falencias con respecto a cómo canalizar sus reivindicaciones, “no saben qué camino seguir para cristalizar, no sólo por su juventud sino porque tampoco han tenido esa formación, no saben a dónde acudir”. Además, agrega que es relevante que la sociedad adulta y académica les guíe en esto para llegar a buen puerto.

Autoeducación vs educación formal
Algo que caracteriza los tiempos modernos es comunicarse e informarse a través de Internet y las redes sociales, pero ¿reemplaza a la educación formal? con respecto a esto Ravetllat enfatiza que “es un poco arriesgado el dejar generaciones completas que se formen en Educación Cívica y otras cuestiones, lo mismo podríamos decir en la educación sexual y reproductiva, que casi da la sensación que deja al libre arbitrio, que en Internet tienen toda la información, eso es muy riesgoso y peligroso”.
Por otra parte, la psicóloga educacional Carolina Iturra explica que cuando hay un conocimiento formal y enseñado, existe la intención de que el otro aprenda, en cambio cuando hay autoformación no existe una objetivación del conocimiento, “es distinto que yo te pueda decir algo a ti desde mi acción de par en par contigo, a que yo declare. No hay una declaración explicita y compartida a nivel escolar, de qué deben aprender los estudiantes para ser cívicos o para actuar cívicamente, esto dejaron de tener los estudiantes cuando se retiró la educación cívica del currículo”, analiza. Además, destaca que Internet y las redes sociales pueden ser gran un aliado cuando es utilizado en un contexto y con un fin determinado.

El futuro del civismo
Actualmente la asignatura de Educación Cívica volvió a estar implementada en el currículo escolar –aunque no en su totalidad debido a la pandemia-. Según el abogado Isaac Ravetllat, tras los cabildos de adolescentes realizados por el Cedia UTalca en el Maule durante el estallido social, se concluyó que los jóvenes consideran que es una clase aburrida, pero ¿cómo cautivarlos? “El elemento número uno es preguntarles a ellos qué falencias tienen esas materias y cómo creen que sería un mecanismo adecuado para acercarnos a ellos y número dos hacerlo práctico”, además el académico propone que ésta debiese ser una asignatura extramuro y no encerrados entre cuatro paredes. “Educación Cívica significa eso, ejercer la ciudadanía y aprender a ser ciudadano, eso se aprende en la calle, viendo que hay gente que lo pasa mal, ver los sectores más vulnerables, acercándose a ellos, ver en algunas ocasiones que algunos están en situación de privilegio y que son afortunados, todo eso procesarlo y pensar cómo pueden invertir parte de su tiempo en favor del otro”, reflexiona.
Ravetllat enfatiza en la importancia de que los niños tengan esta formación desde los cuatro años, “debería ser materia obligatoria formar a los niños en Educación Cívica. Porque ahí está en embrión realmente, a esa edad son esponjas”. El sociólogo Paulo Hidalgo concuerda con realizar este aprendizaje en los primeros años, “mientras más temprano mejor estos estímulos, esta formación de la democracia, de los derechos democráticos, de manera muy natural se les va demostrando a los pequeños qué es la convivencia, qué es una asamblea, deliberación, discusión democrática, los valores de la ciudad, etc”. De esta forma, el sociólogo plantea que las nuevas generaciones necesitan imágenes, videos y experiencias en el aprendizaje cívico, “no solo racional sino experiencias concretas de jóvenes y niños conviviendo con el otro, votando, razonando o argumentando”.
Para la psicóloga educacional el hacer que los jóvenes participen y sean actores de procesos democráticos es fundamental, “esto tiene que ir acompañado no sólo de clases teóricas, sino de actividades curriculares dentro de la sala de clases o dentro de los colegios que vayan permitiendo entender qué es esta vida democrática y qué es asumir la educación cívica o el civismo en general”, concluye.