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El Maule está entre las regiones con el peor escenario de sequía del país, un panorama asociado al cambio climático que amenaza a actividades productivas fundamentales, como es la agricultura. Sin embargo, no todos comparten la urgencia de reaccionar para intentar hacer frente de algún modo a esta situación. Pero entre quienes tienen el conocimiento y quienes demuestran mayor conciencia del problema, el convencimiento general es que ya estamos atrasados.

Los nuevos datos de Chile para actualizar la estrategia y Plan Nacional 2016 ante la Convención de las Naciones Unidas para la Lucha contra la Desertificación y la Sequía, dan cuenta de que en el 22% de la superficie del país se observa algún grado de desertificación, los suelos degradados cubren el 80% y los efectos de la sequía se presentan en el 72% del territorio. El Maule forma parte de este escenario.

Desde el gobierno, una de las medidas más contundentes anunciadas en el último tiempo, es el aumento de recursos destinados a obras de regadío, mientras que en la academia se investiga para generar plantas que resistan la falta de agua y mejorar las tecnologías de riego. Entretanto, la mayor parte de los agricultores concentra su preocupación en los problemas coyunturales, sin proyectarse al futuro desde la perspectiva del cambio climático.

En la Universidad de Talca, el tema del cambio climático y su impacto en la agricultura se ha abordado a través de un programa especial de carácter interdisciplinario, denominado Adaptación de la Agricultura al Cambio Climático (A2C2), que implica líneas de investigación para generar nuevos conocimientos sobre el fenómeno y formas de adaptación. Visitas de especialistas, seminarios, conferencias y charlas han contribuido a dar difundir resultados de su quehacer.

SEQUÍA CRÓNICA

Expertos de distintas áreas confluyen en este programa. Uno de ellos es el agroclimatólogo Patricio González, quien corrobora lo que dejó de ser una amenaza lejana: la sequía se ha vuelto crónica.

¿Qué se ha hecho para contrarrestar esta nueva realidad en Chile y en la región?
Según el especialista por parte del Estado no se ha asumido la presencia del cambio climático en forma activa, aunque reconoce que hay compromiso de reducir las emisiones de CO2, y de construir obras para mitigar los efectos de la escasez de agua, a través de la construcción de nuevos embalses y rescatar los tranques de regulación nocturna, pero a su juicio falta motivación a nivel regional para adoptar medidas en este territorio.

En esa perspectiva, planteó la necesidad de generar una instancia en la que estén involucrados todos los organismos y agrupaciones que de algún modo tengan que ver con el problema: agricultores, regantes, hidroeléctrica, el mundo político, investigadores, universidades y sistemas de emergencia.

“Hay que generar una estrategia de mitigación que sea sustentable, con financiamiento, medidas concretas y horizontes bien acotados”, apuntó. También propuso dar continuidad a las políticas y medidas de mitigación que se adopten, más allá de un periodo de gobierno.

PROGRAMA

González recordó que hace tres años la Universidad creó el A2C2, no solo para dar la alerta, sino investigar y dar a conocer información sobre lo que está ocurriendo respecto a ese problema y generar opciones para reducir la vulnerabilidad.

“Creo que nosotros dimos a conocer en forma anticipada lo que estaba ocurriendo y lo que va a ocurrir para que con esa información el mundo político tome las decisiones que correspondan”, expresó.

Sin embargo, observó la existencia de un divorcio entre el mundo científico y el político porque los resultados de las investigaciones que dan a conocer los primeros, no son considerados para adoptar medidas oportunas.

AGUA Y RIEGO

El secretario regional ministerial de Agricultura, Jorge Céspedes, subrayó que una de las variables más notorias de lo que está ocurriendo en el clima es la disminución del agua. Por eso es que a los concursos tradicionales de la Ley de Riego, se sumó un nuevo instrumento para garantizar el acceso a este recurso a los pequeños productores. Con ese fin, este año a través de la Comisión Nacional de Riego suma fuerzas el Ministerio de Agricultura, cartera que trabaja desde hace tiempo en un aspecto tan relevante para la agricultura como es el acceso y manejo del riego.

En ese sentido, Céspedes anunció que se dispondrá de más de 27 mil millones -nueve mil 500 millones de pesos aportados por el Consejo Regional-, con el fin de aumentar la infraestructura de riego a través de la captación, conducción, telemetría, tecnificación, acumulación y calidad de agua, con acciones de focalización y segmentación para facilitar el acceso de los pequeños productores y de los proyectos de las zonas de secano.

El seremi mencionó la realización de cuatro concursos y, a la vez, puso de relieve lo significativo de este esfuerzo para elevar la eficacia en la utilización del agua “en la región más rural y agrícola del país”.

MÁS INVERSIÓN

Céspedes insistió en que se están haciendo más esfuerzos para lograr un uso más eficiente del recurso hídrico, y la inversión fundamental de la CNR en 2016 suma más que la de los últimos cinco años.

Agregó que también se han flexibilizado instrumentos para llegar de mejor manera todos agricultores de la región. Al mismo tiempo, hizo notar que “somos un usuario más y tenemos que entendernos con los otros: las sanitarias, las generadoras. En nuestro espacio lo más importante es aumentar nuestra inversión para mejorar la tecnificación, la distribución y lógicamente el almacenamiento del recurso que es muy importante sobre todo en escasez”.

Las prioridades detalladas por el seremi indican que lo primero es asegurar recurso hídrico donde no lo hay, es decir, en el secano, donde se focalizará inversión para acumular agua en micro embalses y, por otro lado, se tratará de mejorar la eficiencia en el uso y distribución.

“Hay temas tan básicos como comunidades que no tienen bocatomas bien estructuradas, bien hechas. Quizás la inversión por proyecto particular no va a ser tan importante, pero queremos tener una gran cobertura”, aseveró.

Por otra parte, el seremi de Agricultura destacó la iniciativa del Ministerio, en el ámbito del manejo del riego, implementando un modelo de seguro agrícola, tema que a su juicio es necesario abordar como política pública. Al respecto, indicó que es necesario que los agricultores comprendan la importancia del seguro “para cubrir los costos en caso de alguna situación compleja que les impida llegar a la cosecha o a una producción óptima, eso es seguros asociados a sequía, al lluvias extemporáneas, incendios, etc.”.

Según su apreciación, no es fácil cambiar la matriz a partir de la aptitud propia y tradicional de la región porque ello implica también un aspecto cultural. Pero afirmó que el cambio climático y su efecto en la agricultura se están abordando “como un desafío dentro del itinerario anual como políticas públicas”. Además, cada servicio del agro trabaja con riesgos específicos.

“Por ejemplo, el Fondo de Innovación Agraria (FIA) ha destinado una gran cantidad de millones de pesos en la región para el desarrollo de planes pilotos de control de heladas”, acotó.

Mencionó también la importancia que se da al desarrollo de nuevos cultivos, pero tan relevante como este aspecto es, según su opinión, que se produzca un cambio sociocultural. “La gente del mundo rural es reacia a los cambios, a asumir cierto grado de riesgos y este es un tema que hemos estado fomentando fuerte en el último tiempo”, manifestó.

MEJORAMIENTO EN TRIGO

Algo concreto en materia de nuevas variedades de plantas que se adapten al cambio climático, específicamente al denominado estrés hídrico, es lo que está haciendo el investigador de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad de Talca, Alejandro del Pozo, quien estudia líneas de trigo, en busca de variedades que sean tolerantes a esa condición. Este trabajo lo realiza en conjunto con el Instituto de Investigaciones Agropecuarias (INIA).

“Empezamos hace cinco años y ya tenemos líneas avanzadas. Partimos estudiando 400 genotipos y ya tenemos identificadas variedades que producen más con menos agua”, observó.

Respecto al tiempo que demorará en llegar al mercado una solución de este tipo —generada no por transgenia sino por selección de plantas—, explicó que según la experiencia del INIA, a partir del cruzamiento de una variedad se tarda hasta 15 años, “pero nosotros partimos de líneas avanzadas”. “Necesitaremos tres años más para tener semillas para los agricultores”, señaló.

Del Pozo recalcó que la agricultura tiene que prepararse para lo que viene.

“Si uno analiza datos de los últimos 100 años, han bajado casi 50% sobre todo en la zona central. Y a futuro la situación será peor porque habrá menos agua disponible. Además la temperatura está aumentando y entonces necesitaremos plantas distintas”, argumentó. Agregó que estas acciones constituyen estrategias de adaptación, mientras que construir embalses y mejorar canales son obras de mitigación, en las cuales también falta mucho por hacer, según indicó, al referirse al rol del Estado en esta materia.

Al mismo tiempo, afirmó que los estudios que se realizan en el país en mejoramiento de plantas solo tienen financiamiento a través de fondos concursables que otorgan un plazo generalmente de tres años, tiempo insuficiente para arribar a resultados. Al cabo de ese tiempo, hay que volver a buscar recursos para poder continuar. Es la razón por la cual muchos de estos trabajos se focalizan en el INIA, “que tiene algunos recursos, no muchos, para sostenerlos”.

APORTES PRIVADOS

Sobre el apoyo de los privados a proyectos de investigación, precisó que algunos fondos para investigación como los Fondef e Innova, requieren el apoyo de los privados, pero generalmente su aporte es a través de valoración de recursos. “Es difícil que pongan dinero fresco para investigación”, dijo Del Pozo.

El reflejo, según apuntó, está en las cifras de inversión en Investigación y Desarrollo (I+D), que en Chile es de solo 0,38 del producto, “lejos de lo que deberíamos tener para el nivel de ingreso del país. Aquí la inversión en I+D debería estar en el 1%”.

En ese contexto, Del Pozo destacó como aporte la formación de capital humano altamente especializado por parte de la Universidad de Talca.

RAZONES ECONÓMICAS

¿Qué dicen los agricultores? Fernando Medina, presidente de la Asociación Agrícola Central de Talca, conoce a sus pares y por lo mismo aseguró que “el cambio climático todavía no ha entrado en la mente de los agricultores”, y añadió que si han adoptado una que otra medida es porque están dentro de normas de certificación de GlobalGAP, como llevar la contabilidad del agua o evitar la quema de rastrojos.

“Cuando alguien deja de quemar rastrojos no es porque esté pensando en no arrojar gases de efecto invernadero y que por esa vía mejorará en el futuro la vida de sus hijos y nietos. Si no quema, es porque el SAG lo impide ya que está subsidiando la no quema. Es decir, hay una razón económica detrás, no filosófica”, remarcó.

Contó que hay empresas que están preocupadas de medir la huella de carbono, pero por exigencia de sus compradores. También reconoció que si bien otras han incorporado energía solar, ello se debe más a una motivación para bajar costos o para aprovechar un nicho de mercado que a una preocupación ambiental, reconoció el dirigente, aunque él se muestre convencido de que “lo que viene por delante es gravísimo y estamos muy atrasados. Las obras de riego debieron estar construidas hace 10 años”.

DÍA A DÍA

Sobre esta actitud, Medina explicó que “las cosas del día a día nos tienen colapsados y entonces la situación coyuntural es mucho más apremiante que las de largo plazo. En la agricultura es así la tradición, la norma es que los agricultores se preocupan del corto plazo y no del largo plazo, raramente de esto”.

“Ahora nos vemos enfrentados a consecuencias como los sistemas de riego eficiente, mejoramiento y limpieza de canales, limpieza de canales y todo lo que tiene que ver con acopio de agua se está haciendo, no porque sea una respuesta al cambio climático en el largo plazo, sino como respuesta a la sequía de hoy”, afirmó.