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La depresión más allá de los prejuicios

La depresión más allá de los prejuicios

Junio 25, 201819Views

Si bien es una de las enfermedades más frecuentes entre la población, suele ser “negada” por quien la padece debido a los cuestionamientos que la sociedad hace de quien la padece. Un error que puede complicar el tratamiento de la enfermedad que, con una atención adecuada, puede superarse con éxito.

“Observo cómo la luz ingresa a la habitación a través de la ventana. Anhelas vivir, reír y disfrutar como los demás”. Con estas palabras, la maulina Angélica Espinoza recordó el período de depresión por el que atravesó a causa de un duelo.
Tras recibir apoyo especializado, la mujer volvió a encontrar el sentido de la vida, sus hijos y familia, logrando superar esa etapa. “Lo hermoso es ver que todo lo bello se está acercando, cada vez te aproximas a la paz y nuevamente comprendes que existen maravillosas razones para vivir”, expresó.
Angélica fue una de las 2.163 mujeres que en el año 2017 ingresó al programa de Salud Mental en Atención Primaria de Salud (APS) de la región con diagnóstico de depresión moderada, patología que desde el 2006 se encuentra incluida en las Garantías Explícitas de Salud (GES), lo cual permitió que la joven pudiese atenderse bajo los beneficios que la Ley establece para afiliados a Fonasa o Isapres.
Para el Maule este es un tema no menor, por cuanto las cifras demuestran que es la segunda región del país con mayor tasa de personas con depresión.

¿QUÉ ES?

La depresión es una enfermedad más común de lo que se piensa. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que 350 millones de personas la padecen, en su mayoría entre los 15 y 45 años de edad. Las cifras de prevalencia están entre el 9% y el 12% de la población mundial.
La encargada del área de Psiquiatría de la Escuela de Medicina Universidad de Talca, Verónica Vitriol, definió la depresión como una enfermedad que se caracteriza por la falta de ánimo, energía y pérdida de la capacidad de disfrutar.
La especialista indicó que la enfermedad es la segunda causa de años perdidos por discapacidad en las mujeres, las que suelen redoblar el número de casos a comparación de los hombres.
En cuanto a los elementos que la originan, mencionó factores biológicos hereditarios (predisposición genética), psicológicos y sociales.
“Destacamos la presencia de historias y factores adversos durante la infancia, experiencias traumáticas tales como abandono, castigo físico y abuso sexual. Estos dos últimos elementos de riesgo están asociados a la depresión de mayor severidad y peor evolución. Según un estudio reciente del ministerio de Salud (Minsal), un 25% de las mujeres refiere síntomas depresivos en el país, lo cual supera el promedio mundial”, dijo.

NEGACIÓN

Si bien la depresión es una de las enfermedades más frecuentes entre la población, se suele cuestionar a quienes la sufren, prejuicios que llevan a algunas personas a “negar” que son víctimas de ella, situación que a la larga puede agravar la patología.
En cuanto al por qué se genera esa percepción negativa respecto de quienes enfrentan este padecimiento, el profesor Moyano lo atribuyó al “exitismo” que caracteriza a la sociedad.
“El valor o reconocimiento personal está dado por la declaración de éxito, dinero posición o poder máximos posibles, bienestar y felicidad. Luego, las personas que se declaran tristes, solas, inconformes o vacías recibirán más probablemente menos atención positiva de parte de los demás”, reflexionó.

DIAGNÓSTICO

Según los criterios establecidos por el Minsal, para realizar un diagnóstico de depresión debe registrarse una disminución o pérdida de interés o capacidad de sentir placer en todas las actividades que realice por un período no inferior a las dos semanas.
Asimismo, debe observarse la presencia de tres o más de los siguientes síntomas: alteración significativa del apetito, ideación suicida, alteraciones significativas de sueño, agitación psicomotora o enlentecimiento motor, fatiga o pérdida de energía, sentimiento de inutilidad o culpa y disminución de la concentración.
Por desconocimiento, muchas personas asocian la depresión con lo que algunos denominan “un bajón de ánimo”. Según el académico de la Facultad de Psicología de la UTALCA, Emilio Moyano, la brecha entre ambos conceptos es amplia.
“La depresión es un trastorno del estado de ánimo bajo duradero, acompañado por fuertes sentimientos de minusvalía, de depreciación personal, de creencias y evaluaciones de que el presente es negativo u hostil, y que el futuro será aún peor. Es un trastorno permanente que para ser adecuadamente diagnosticado y tratado se requiere psicólogo, psiquiatra o eventualmente ambos. Una mala ‘onda’ o baja de ánimo ocasional y, especialmente, con causas puntuales precisables es parte de la vida normal”, precisó.
En ese sentido, la doctora Verónica Vitriol consideró que “hay que hacer diagnóstico diferencial entre depresión y síntomas adoptivos de la depresión, que son bajones de ánimo asociados a los dolores o frustraciones de la vida debido a la respuesta natural humana frente a situaciones de dolor o perdida. En este caso, no comprometen en general el funcionamiento adaptativo de la persona”.

ATENCIÓN

La depresión moderada que afectó a Angélica tiene un acceso directo a tratamiento tras el diagnóstico y consulta con un especialista 30 días después de la derivación. En su caso, en un lapso de seis meses, recibió tratamiento, intervención psicosocial, actividad física, guía de autocuidado y farmacoterapia, lo cual ayudó a su recuperación.
La atención se realiza en el Consultorio de Atención Primaria para los afiliados y beneficiarios de Fonasa, así como en el establecimiento determinado por las Isapres para sus afiliados. Ambos casos contemplan la consulta con profesionales de la salud, terapia de grupo y tratamiento farmacológico.
En el Maule, según datos recolectados en los establecimientos APS, las patologías con mayor prevalencia en salud mental son depresión moderada con 2.163 casos, depresión leve (1.263) y depresión grave (767) respectivamente. Le siguen depresión refractaria (404), depresión grave con psicosis (397) y depresión con alto riesgo suicida (48). Este último renglón es el más preocupante por cuanto la región lidera la tasa de suicidios juveniles en el país.

LA FELICIDAD COMO “REMEDIO”

Entre las investigaciones que ha realizado el profesor Emilio Moyano, un capítulo especial está dedicado a temas relacionados con la felicidad, un elemento que, a juicio del especialista, “es un factor preventivo a la depresión”.
“La felicidad es antitética a la depresión, por lo cual quien tiene una no tiene otra. Son mutuamente excluyentes. Sin embargo, otra cosa distinta es que personas no deprimidas puedan aumentar su nivel de felicidad mediante ciertos aprendizajes y prácticas y que ello le inmunice en alguna medida de caer en estados deprimidos. Así, que promover la felicidad es un factor preventivo, sin duda”, planteó.
“Pero no se ha probado que entrenar en comportamientos pro-felicidad sea necesariamente ‘curativo’ de quien tiene depresión diagnosticada. Sí puede ayudar a tratamientos antidepresivos de forma complementaria, sin constituir propiamente tratamiento. La autorregulación emocional para quien tiene cierta base hereditaria pro depresión es compleja, y requiere necesariamente psicoterapia, y en particular cognitiva”, añadió.
Moyano, junto a la académica Nadia Ramos, trabajó en la investigación “Bienestar subjetivo: midiendo satisfacción vital, felicidad y salud en población chilena en la región del Maule”, con el objetivo de evaluar componentes cognitivos (satisfacción general) y afectivo (felicidad) y analizar su relación variables sociodemográficas.
Los resultados mostraron que la familia es la principal fuente de felicidad; que las personas casadas se encuentran más felices y satisfechas que las solteras; y que los jóvenes presentan un nivel menor de felicidad y satisfacción.
Otro estudio realizado por la profesora Vitriol junto al también académico de la Escuela de Medicina de la UTALCA, Alfredo Cancino, evidenció la necesidad de actualizar los protocolos en salud primaria.
El estudio evidenció que en los primeros meses de atención un 40% de las personas logró mejorarse, porcentaje que a largo plazo aumentó un 60%. Sin embargo, un 20% de los pacientes no superó su enfermedad, y un 5% empeoró.