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Por su formación física y clima mediterráneo, el Maule basa su sistema económico en el rubro silvoagropecuario.
“Para nuestra región este sector es la columna vertebral”, comentó el Secretario Regional Ministerial (Seremi) de Economía, Patricio Domínguez.

La región del Maule cuenta con poco más de 900 mil habitantes, distribuidos en una proporción muy similar entre hombres y mujeres. Se caracteriza por ser la zona con mayor índice de ruralidad del país, en la cual la principal fuente de trabajo se concentra en el sector silvoagropecuario que emplea en forma directa más del 30% de la fuerza laboral.

“Es el sector que genera más empleos, esto es 136 mil 350 personas trabajan en actividades agrícolas, ganaderas, silvícolas o pesca. Esto representa casi un tercio de la mano de obra ocupada a nivel regional sin incluir los empleos indirectos”, dijo el profesor de la Facultad de Economía y Negocios (FEN) de la Universidad de Talca y presidente de la Asociación de Economistas Agrarios de Chile, Germán Lobos.

“Además, la actividad agrícola es la más importante entre todas las regiones. Pero no se trata sólo de cifras porque la agricultura en nuestra región es parte de nuestra identidad”, añadió.

En cuanto al perfil de los trabajadores, el Seremi de Economía agregó que “en su mayoría son personas sin estudios, pero no menor es el porcentaje de profesionales que de ella participan sobre todo considerando que es un mercado que cada vez incorpora más tecnología a sus procesos”.

PRODUCTO

Justamente los mercados internacionales se encuentran entre los principales consumidores de los productos que emergen de las tierras maulinas, cuya venta se hace en función del precio del dólar, moneda utilizada como referente en los mercados internacionales.

Por lo anterior, las variaciones que registra el valor de esta divisa son altamente sensibles para el sector. “El dólar juega un papel fundamental en el desarrollo del sector agrícola y la agroindustria”, explicó el profesor Lobos.

“Si miramos la evolución de los últimos años observamos que el sector silvoagropecuario crece más cuando el tipo de cambio es más alto. Por ejemplo, el año 2014 tuvimos un tipo de cambio real muy bajo, del orden de 537 pesos como promedio anual y el sector silvoagropecuario cayó un 3,8%. En cambio, el año siguiente el tipo de cambio real alcanzó los 622 pesos y el sector agropecuario creció 9,8%. El 2016 observamos el mismo fenómeno con un tipo de cambio real de 663 pesos y un crecimiento sectorial del 4,5%. Esto significa que la economía agropecuaria obtiene mejores resultados en aquellos períodos en que se observa una mayor estabilidad y mayor valor del dólar”, graficó.

POTENCIAL

Germán Lobos añadió que no hay dudas de que la agricultura regional y nacional tiene importantes potencialidades, porque tiene ventajas comparativas y competitivas en la producción de renovables.

“Es decir, se producen distintos tipos de bienes que se pueden renovar si se producen de manera sustentable, tales como productos agrícolas (cultivos, frutas, hortalizas, entre otros), maderas, papel, y biocombustibles, entre otros”, comentó.

Por su parte, el Seremi de Economía, también destacó la condición de renovable como un factor de importancia y que se debe cuidar especialmente en la región.

“El potencial está implícito en el tipo de mercado que es y que representa. Las cifras sitúan a la actividad agrícola de la región en una posición, a nivel nacional, de alta importancia, por ejemplo, el 60% de la manzana roja se produce acá; el 40% de la producción de vinos son maulinos y de alta calidad. En el sector forestal, somos la tercera región, como a su vez las provincias de Linares y Cauquenes representan un pilar importante en la producción de arroz y maíz, por mencionar algunos ejemplos”, enfatizó.

MÁS MERCADOS

Si bien los frutos maulinos llegan a numerosos destinos, tanto productores como autoridades siempre están buscando la posibilidad de llevarlos a nuevos mercados.

En ese contexto, el Director Nacional del Servicio Agrícola y Ganadero (SAG), Ángel Sartori, destacó que “los trabajos que se han hecho para perfeccionar y suscribir tratados comerciales, la red de agregados agrícolas, una sanidad agropecuaria de excelencia, se complementan con todo el esfuerzo de un sector privado que produce bien, con calidad y con altos índices de inocuidad”.

Con los años el sector se ha acostumbrado a las exigencias y condiciones que imponen los mercados externos. Así, la región del Maule se caracteriza por ser una de las principales, a nivel nacional, en producción de manzanas, kiwi, berries, cerezas, entre otras frutas, además de vino, cuyos principales mercados internacionales se encuentran en Asia, Europa y América, lo que significa que los productos maulinos puedan ser adquiridos en mercados tan importantes como China, el Reino Unido o los Estados Unidos.

DESAFÍOS

Si bien diversos informes auguran buenas perspectivas de crecimiento para el sector, no hay duda que desafíos en áreas de innovación y tecnología, así como en el manejo de los suelos, deben ser parte de ese proceso.

“Sostenemos que el desarrollo económico del Maule debe ser en concordancia y muy amigable con el entorno. Aquí toma relevancia y fuerza el trabajo que lidera el Ministerio de Vivienda en conjunto con los municipios en relación a los Planos Reguladores Comunales (PRC). Estos instrumentos son fundamentales y permitirán el crecimiento y desarrollo sustentable sin destruir nuestro potencial como región que son la calidad de nuestros suelos agrícolas”, dijo Patricio Domínguez.

A lo anterior el académico de la UTALCA, Germán Lobos, añadió que también se deben considerar los factores que pueden limitar la expansión agrícola.

“Dos de ellos son especialmente relevantes: la superficie cultivable y la productividad. En el primer caso juega un papel fundamental la disponibilidad del recurso agua. En el segundo caso son relevantes las técnicas de cultivo, la calificación de los trabajadores, la innovación y la tecnología, e incluso algunas políticas agrarias que afectan la planificación de inversiones en la agricultura”, detalló.

LO QUE FALTA

En este escenario cabe preguntarse qué se requiere para pasar a otra etapa de desarrollo. El profesor Lobos aventuró una respuesta.

“Básicamente, el desarrollo de la agricultura requiere más innovación, tecnologías más modernas, mejores políticas públicas y el diseño e implementación de nuevos instrumentos para gestionar los riesgos que son inherentes a la actividad agrícola. El diseño de las políticas públicas debería incluir indicadores subjetivos respecto de las percepciones de los distintos agentes que participan en el sistema de valor de la agricultura. Esto es productores, proveedores, logística, comercialización, y actividades de apoyo. Lo mismo ocurre con el diseño de nuevos instrumentos para gestionar los riesgos”, expuso.

“En Chile existe un conjunto de instrumentos, tales como seguros, pero son genéricos para la economía y las actividades económicas. Aunque existe el seguro agrícola, no ha cumplido el rol que se esperaba. Existen instrumentos más específicos que deberíamos evaluar, por ejemplo, derivados de clima para nuestros cultivos, o futuros de vino a granel, o seguros de precios de uva, entre otros”, concluyó el académico.