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Cuatro personas en torno a una mesa. Son amigos que salieron a comer juntos. Lo curioso de esta situación es que, en vez de estar conversando animadamente entre ellos, todos están concentrados revisando sus respectivos teléfonos.

Para encontrar escenas similares a esta solo basta darse una vuelta por cualquier restaurante o cafetería de la región. ¿Qué explica este tipo de conductas?

“Creo que es por la dependencia de estar siempre conectado, de ver qué está pasando y no disfrutar lo real y en vivo”, comentó la periodista y conductora del radio-blog de Radio Condell, Javiera Gajardo.

Situaciones como esta han puesto en guardia a psicólogos y psiquiatras para investigar el efecto que ello significa para la salud mental individual y colectiva.

INMEDIATEZ

El académico de la Facultad de Psicología de la Universidad de Talca, Ismael Gallardo, reconoció que la fuerte irrupción de las redes sociales ha ido cambiando la forma de comunicarnos al eliminar las distancias e incluir la inmediatez en el proceso.

“Entregan una amplia gama de oportunidades de comunicación y, sobre todo, relativamente inmediatas”, reflexionó.
“Los servicios de mensajería -como WhatsApp- aportan a esta sensación. Esto puede tener diferentes consecuencias, tanto positivas como negativas. Por ejemplo, algo positivo es que permiten respuestas rápidas ante una solicitud, haciéndola más eficiente. Pero, por otro lado, la expectativa de inmediatez puede generar en las personas una mayor ansiedad: cuanta más demora exista en la respuesta, llevando a consecuencias negativas”, explicó.

Añadió que otra característica de estos servicios es que “pueden mostrar la gran cantidad de cercanos que posee, pero, paradójicamente, también pueden reducir las opciones de intimidad con otras personas a través de encuentros cara a cara, lo que es negativo para las relaciones sociales”.

ABURRIMIENTO

No obstante, más que hablar de un fenómeno de “aislamiento”, el profesional señaló que existen otros factores que pueden explicar el interés de algunas personas de reemplazar los diálogos presenciales por los electrónicos.

“Hay diferentes razones que pueden dar cuenta de la situación que se describe: desinterés por la otra persona o aburrimiento son algunas de las más comunes. En ausencia de estas condiciones, es más probable que las personas dejen su teléfono a un lado y entablen una conversación entre ellas”, planteó.

Agregó que puede haber casos en que la motivación sea otra, como suele ocurrir en gente para la cual el celular es una de sus principales herramientas de trabajo.

El académico detalló que “esta forma de relación puede condicionar la manera en que se interactúa con el teléfono, aumentando el número de veces que se observa para reducir la potencial ansiedad de ‘estar perdiendo algo’ o que otra persona se moleste porque no he respondido a una potencial solicitud. Si esta forma de relación persiste, me parece que es necesario detener la conversación y explicitar si el uso del teléfono será algo validado en la interacción o no. Así se reducen potenciales molestias de alguno de los interlocutores por lo que se podría percibir como una falta de interés o respeto hacia él o ella”.

USO RESPONSABLE

Tan intensivo es hoy el uso de las redes sociales que incluso dio pie para la aparición de una nueva fuente laboral, el Community Manager, como se denomina al profesional responsable de adminsitrar las cuentas virtuales de empresas e institucones.

En la UTALCA la encargada de esta misión es la periodista Mariana Anzalone, quien en base a su experiencia, da cuenta del impacto transversal de esta nueva forma de comunicarse.

“Jóvenes y adultos utilizan las redes como parte de su día a día, bien sea como entretenimiento o de forma laboral, como Instagram y LinkedIn. Los más pequeños de la casa también comienzan a usar, por ejemplo, Youtube, para ver videos de dibujos animados, pero luego evolucionan rápidamente y migran a otras redes”, relató.

Más aún, la profesional señaló que ni siquiera las generaciones mayores se mantienen ajenas a esta tendencia. “Hoy en día son cada vez más los adultos mayores que se suman a utilizar las redes sociales como método de comunicación con sus hijos o nietos, sobretodo Whatsapp y Facebook”, explicó.

MEDIDAS

Precisamente a causa de esta masividad, Anzalone señaló que si bien en teoría hay restricciones y recomendaciones para que los menores de edad no puedan abrir cuentas en algunas redes sociales, la realidad muestra algo distinto.
“En la actualidad las redes sociales son utilizadas por personas de todas las edades. Por esto mismo es necesario hacer un buen uso o monitoreo de ellas, porque tener una cuenta o un perfil no quiere decir que sepan ocuparlas”, advirtió.

En línea con lo anterior, la profesional afirmó que es fundamental tomar los resguardos necesarios para evitar riesgos, en especial, en los más pequeños.

“Deben tomarse medidas de seguridad antes de incursionar en las redes, sea cual sea la edad, debido a que estamos cada vez más expuestos. Dejamos una huella digital imborrable, cuando por ejemplo subimos fotos de nuestros hijos o sobrinos a Facebook, o cuando alguien sube alguna fotografía que no favorece su reputación y que, en un futuro, puede ser vista por un potencial empleador, debido a que los perfiles digitales son cada vez más importantes y evaluados por personas antes de realizar algún negocio o contrato”, expresó.

SELFIES

Entre las miles de publicaciones que inundan las redes sociales hay una reina indiscutida, la “selfie”, como se denomina al autorretrato que las personas, en especial los adolescentes, se toman con sus teléfonos. Como referencia, un estudio realizado hace tres años en Chile por la consultora AnaliTIC, un 81% de los chilenos entre 13 y 18 años se ha tomado este tipo de imágenes alguna vez en su vida.

Sobre esta tendencia, el académico de la UTALCA, Ismael Gallardo, rescató la función social implícita en esta acción.
“Las fotografías sobre uno mismo pueden expresar a otros, emociones que permiten la conexión con dichas personas. Esto puede aumentar la proporción de comentarios de apoyo social, si las emociones expresadas son negativas, por ejemplo, tristeza, o de entusiasmo y orgullo si éstas son positivas, como la alegría”, observó.

De igual modo, planteó que también permiten mostrar la pertenencia a grupos que son valorados positivamente por la sociedad.

“Esto ocurre cuando las personas ‘posan’ con las camisetas del equipo de fútbol que ha salido campeón de una copa importante. Esto es símbolo de estatus, orgullo y consideración favorable de otros hacia uno mismo y al grupo que se dice pertenecer. Dado lo anterior, mi opinión es que la selfie es más una herramienta de comunicación y vinculación con otras personas que de expresión de necesidades particulares e individuales”, apuntó.

RIESGOS

Si bien a nivel mundial se han despertado alertas en torno al exceso de selfies en que caen muchas personas, deslizándose la posibilidad de que ellos refleje trastornos psicológicos asociados a la cultura de la imagen, el narcisismo y el consumo, el profesor Gallardo sostuvo que aún no existe evidencia determinante para realizar esa afirmación.

“Los estudios no han mostrado ningún resultado concluyente entre la cantidad de selfies que las personas toman y rasgos de personalidad. Algunos muestran que existe cierta asociación entre diferentes facetas humanas y la toma de selfies como la vanidad o el exhibicionismo, pero esto no significa que una persona tenga por ello trastornos psicológicos. Además, las relaciones encontradas son muy bajas en términos estadísticos”, planteó.

Para la periodista y bloguera de Radio Condell Javiera Gajardo detrás de esta tendencia hay más que nada un tema de madurez.

“Yo lo hice durante bastante tiempo, y la conclusión es que creo que debe haber un tema de seguridad emocional porque muchas veces es para conseguir aprobación de otros, elogios, por ejemplo, que no tenemos en la vida real quizás o que se ‘necesitan’ para vivir”, afirmó.

“En mi caso creo que iba por un tema de seguridad. Hoy lo sigo haciendo, pero no en la frecuencia de antes, y creo que también va en madurar… antes tenía 21 años, hoy cumpliré 30. Ver una mujer madura cayendo en eso sí que me asusta, en una joven o adolescente se puede esperar”, reflexionó.