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A la mayoría de la población chilena e incluso maulina, la palabra “posverdad” le suena poco familiar. Algunos argumentan haberla escuchado en algún discurso político, pero lo cierto es que este término se ha convertido en un fenómeno mundial que modela las creencias ideológicas de millones de personas en el mundo.

Pero, ¿qué significa posverdad? Según el diccionario de la Real Academia Española, se define como toda información o aseveración que no se basa en hechos objetivos, sino que apela a emociones, creencias o deseos del público”.

Gustavo Rayo, Director de la Escuela de Ciencias Políticas y Administración Pública de la Universidad de Talca, la considera como una “mentira emotiva” encubierta dentro de un discurso para persuadir y relegar la “verdad” a un segundo plano.

EJEMPLO

La presencia de este fenómeno en el país lo experimentó el físico e investigador Cristián Huepe, en el marco de los incendios forestales que afectaron a la región, durante el verano recién pasado. Recordó que en esa oportunidad surgieron diversas “teorías” a través de las cuales se buscaba explicar el origen de los siniestros.

“Había grupos convencidos de que eran una confabulación entre los inmigrantes ilegales y los mapuche para tomarse el sur de Chile y otros que estaban seguros de que eran poderes económicos tratando de cobrar seguros y desprestigiar al gobierno. Las dos ‘explicaciones’ circularon por las redes sociales. Algunos actores se aprovecharon e inventaron o difundieron algunas de estas posverdades para su beneficio propio”, recordó.

“Eran pocos los que promovieron la idea racional y objetiva de que en Chile nunca se habían registrado temperaturas tan altas por un periodo tan largo. No digo que sea imposible que en algún caso puntual haya habido un atentado o interés comercial que haya producido un incendio, pero es difícil argumentar racionalmente que todos los incendios tuvieran ese origen”, agregó.

Entre las dos teorías que establecen las posibles causas de los incendios forestales, se evidencia que la primera busca generar una opinión de descontento en la población y el desprestigio de inmigrantes, mapuches, poderes económicos y Gobierno. A esto, según Huepe y Rayo, se le denomina “posverdad”.

EFECTO

El físico subrayó que este fenómeno puede ser igualmente dañino en el Maule como en otras regiones más grandes. Explicó que no depende del tamaño, sino que de la subdivisión de comunidades que se desconectan entre sí al punto de no compartir la misma realidad.

Por su parte, el profesor Rayo observó que donde se usa con más frecuencia este recurso es en el mundo político, en el cual algunos de sus exponentes buscan conectar las emociones y sentimientos del auditorio a fin de ganar su credibilidad, construyendo un relato donde lo superficial se vuelve esencial y lo sencillo en complejo.

“Tomamos como ejemplo de Donald Trump, quien ha sido el promotor del resurgir de la posverdad”, graficó.

“Durante su campaña presidencial tomó como bandera política la representación de los musulmanes como amenaza para los Estados Unidos, cuando en realidad si logramos contextualizar el terrorismo, son grupos absolutamente marginales de las sociedades islámicas del mundo. Por el peso que alcanzan los medios de comunicación en el occidente en este tema, un político lo toma como principal objetivo”, explicó el académico.

REDES SOCIALES

Según Huepe “un elemento amplificador de la Posverdad son las redes sociales”.

Y como no serlo si solo basta observar su nivel de penetración: Facebook con más de 2.000 millones de usuarios, Youtube con 1.400 millones, Instagram con 600 millones, Linkedin con 500 millones, Google+ con más de 400 millones y Twitter con un registro superior a los 350 millones.

A través de un modelo matemático de formación de opinión, el científico descubrió aspectos ligados a la posverdad.
Para ello tomó como referencia una red social, donde una persona actúa como un “nodo” dentro de un punto de redes, mientras que las conexiones entre los nodos son las relaciones de amistad. En dicha investigación, evidenció que una persona puede cambiar de parecer si sus amistades tienen una opinión distinta a la suya. Ello también genera una dinámica de fragmentación de la red con dos grupos que no se conectan y que tienen percepciones distintas. Tal y como sucede con los seguidores de grupos oficialistas y de oposición.

“Las redes sociales cumplen un rol fundamental al entregarnos la capacidad de desarrollar nuestra tendencia a las emociones sin límites. En internet muchos grupos se benefician de nuestras pasiones, desde los productos comerciales hasta las iniciativas políticas o sociales, ya que nos pueden llevar a la acción. A estos grupos les ayuda de alguna manera que se generen dinámicas de posverdad. Por ello, pueden contribuir directa o indirectamente, de manera voluntaria o involuntaria, a que aparezcan comunidades auto-referentes”, detalló el físico.

EMOCIONES

Por su parte, el Premio Nacional de Periodismo, Abraham Santibáñez, consideró que el efecto multiplicador de las redes sociales tiene sustento en las emociones de las personas.

“Tengo la impresión de que esta aceptación indiscriminada de la posverdad parte precisamente en las redes sociales, un instrumento muy valioso para hacer periodismo de calidad, pero que sufre del abuso de la irresponsabilidad, especialmente, por la no verificación de la información. El problema es la facilidad con que se han popularizado especialmente entre los jóvenes sin que apliquen filtro alguno”, expresó.

En tal sentido, consideró que la posverdad ha generado vulnerabilidad en el periodismo debido a la poca valoración de la objetividad.

“Si se acepta este fenómeno y entra en el lenguaje periodístico, podemos tener problemas. Mientras se la acepte en forma condicional, no es grave, pero si le damos carta de ciudadanía y ya no nos importa a los periodistas lo que hasta ahora ha sido la esencia de nuestro trabajo: la verificación de datos y el aseguramiento de que lo que se plantea es cierto, vamos a tener problemas muy graves”, advirtió.

Según su criterio, el especialista señaló que jóvenes y adolescentes que nunca tuvieron el hábito de leer el diario o escuchar las noticias en la radio o verlas en la televisión, son los más susceptibles a ser víctimas a engaños vinculados con la posverdad.

En esa línea, Gustavo Rayo, agregó que las redes sociales influyen en ese fenómeno debido a “que dentro de ellas no existe algún elemento de racionalidad, sino la descarga de frustraciones y resentimientos que van aumentado conforme a uno y otro cibernauta que ingresan en la red. Hoy día tiene mucho más fuerza el recurso violento, ofensivo e intolerante”.

OTRAS MANIFESTACIONES

Rayo explicó que el uso de este recurso es muy común en el lenguaje visual de los medios de comunicación de nuestro país. Tomó por ejemplo el tratamiento informativo que dan los canales de televisión y redes sociales al problema de la delincuencia.

“En los programas en Chile, en cualquiera, recurren en la emocionalidad en los sujetos. En la delincuencia, más que presentar antecedentes o datos que contextualicen los fenómenos criminales o hechos, se recurre a la reiteración de imágenes, juicio de víctimas, una y otra vez. Ello genera una apariencia de una ciudad (Santiago) sometida al caos, vandalismo y delincuencia, cuando estos sucesos son marginales considerando las estadísticas de las ciudades de población mayor a los cinco millones de habitantes en América”, graficó.

“Entonces, a partir de ahí, determinadas figuras políticas elevan el tema de la delincuencia como primera prioridad, y eso a fin de cuentas, la ciudadanía a través de las encuestas de opinión, reproducen esta misma conclusión. Es una mentira emotiva, algo parecido a la verdad se transforma en realidad. Hechos como el ‘portonazo’ se han alimentado con el peso del lenguaje audiovisual”, expuso.

Por otra parte, Huepe añadió que en el caso de Twitter, el lenguaje comprimido es un factor preponderante en la profusión de la posverdad en redes sociales, debido a que no toda la información se puede concentrar en 140 caracteres y mucho menos en una etiqueta o “hashtag”.

“Ello genera la omisión de aspectos objetivos y por ende la percepción informativa se sostiene en tendencias. Esto genera polarización”, destacó.

FUTURO

El directivo de la Universidad de Talca consideró que tanto las universidades, élites políticas, religiosas, grupos sociales y medios de comunicación, tienen un importante rol en tratar de informar con base a los hechos y contextualizar apropiadamente los problemas que hoy en día vivimos.

“La clave está en ello. Todo lo que contribuya a facilitar la racionalidad y disponer información veraz debe contribuir en el control de este fenómeno”, aseveró Gustavo Rayo.

En opinión del Físico Cristián Huepe, “la posverdad es un problema sistémico y por ende solo se podrá frenar de manera sistémica. Es importante entender su emergencia y propagación desde un punto de vista científico y humanista. Una vez entendido esto, es esencial abordar este fenómeno con una transparencia brutal y estrategias de comunicación más interpersonales a fin de enfrentar todo prejuicio conspirativo”.

Los expertos coincidieron en que todos los ciudadanos deben asumir una responsabilidad individual, como miembros de una civilización que ha logrado importantes avances, al enfrentar la posverdad.

“No es aceptable que nos neguemos, en gran parte por flojera, a tener una conversación crítica y racional con nosotros mismos y con grupos que piensan igual o distinto. No es aceptable que el mismo cerebro que todos tenemos, sea tan flojo para que se niegue a dar un par de pasos lógicos necesarios para no propagar posverdades fácilmente desmontables”, expresó Huepe a modo de reflexión.

ROL DEL PERIODISMO

Por ello, en lenguaje periodístico, Santibáñez, sostuvo que el antídoto a la posverdad es “la verdad bien investigada y bien dicha. A veces duele, pero hay que aceptar que generalmente cuesta más conseguirla que una mentira. Pero no me cabe duda que la verdad es lo mejor en la obra de cualquier periodista”.

El profesional añadió que “en cualquier región de Chile es importante educar al público en general acerca de la realidad de los medios, “no sólo de lo que se dice en redes sociales, sino en medios impresos y audiovisuales para que entiendan que no todo es verdad porque se ha publicado”.

También es cierto que este fenómeno puede ser muy dañino, sobretodo porque impide que los juicios más ponderados y equilibrados puedan llegar a los ciudadanos. El desconocimiento de este factor es considerado por muchos catedráticos como un enemigo silencioso que puede generar situación de anarquía y distanciamiento de valores, incluso pérdida de sentido de la realidad.

Los consultados concordaron en que la posverdad se alimenta principalmente de la falta de educación, criterio e interés de contrastar algunos argumentos o visiones distintas. Lo que sí es cierto es que al carecer la verdad, el ciudadano no logra distinguir entre el bien y el mal.

Desde el nacimiento de la imprenta de Gutenberg hasta el alcance de los 2.000 millones de usuarios por parte de Facebook en el 2017, han pasado 549 años. El primer invento generó el hábito de la lectura en los ciudadanos y con ello masificó la intelectualidad; mientras que el segundo caso, en el que se incluyen las demás redes sociales, a pesar de mantener conectadas a las personas y ser pilar fundamental en la era de la globalización, ha desencadenado un mundo ficticio que socava progresivamente la verdad.