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El grooming es una de las consecuencias negativas que ha traído consigo el uso masivo de internet y afecta a menores que son engañados por adultos que, con intenciones de tipo sexual, se hacen pasar por niños o adolescentes.

La inocencia y vulnerabilidad de los menores, el anonimato de los delincuentes, y el fácil acceso de éstos a internet se confabulan para dificultar el control de este problema.

Grooming viene del inglés “groom”, que se traduce como “acicalar” y también como “engatusar”. Consiste en prácticas por medio de las cuales un adulto trata de establecer contacto con un niño o niña en internet para obtener una satisfacción sexual mediante imágenes eróticas o pornográficas del menor e incluso puede llegar a un encuentro físico. Este tipo de hechos está muy relacionado con la pederastia, el abuso sexual y la pornografía infantil en internet.

Las víctimas caen en la trampa de individuos que utilizan perfiles falsos en las redes.

Esta modalidad de abuso ya llegó hace un tiempo a Chile, según el comisario de la Policía de Investigaciones (PDI), Arturo Araneda, quien por nueve años trabajó en la Brigada del Cíbercrimen.

“Empieza un cíber pololeo entre un sujeto adulto y el menor. Después el individuo solicita a su pololo o polola imágenes en pijama, sigue el pololeo por la red, pueden pasar semanas, y después ya solicita fotos de los niños o niñas desnudas y luego viene la amenaza: ‘Si no me mandas más fotos, se las voy a enviar a todos tus compañeros’. De Facebook obtiene los nombres de los amigos de la víctima”, explicó.

“Ante la amenaza, el niño o niña envía más fotos y no informa a sus profesores ni a sus padres por temor y muchas veces les aseguran que van a matar a sus familias si no envían más fotos”, relató.

CONTROL PARENTAL

Para el comisario Araneda, una medida de protección ante este tipo de hechos, es el control parental con la ayuda de programas que se instalan en el computador. Al mismo tiempo, comentó que profesores y padres tienen la obligación de denunciar si su hijo o hija está siendo afectado por algún delito de este tipo.

El incremento de los casos de grooming denunciados, llevó a la Policía de Investigaciones a llevar a cabo, hace ya dos años, una campaña destinada a prevenir que los menores cayeran víctimas de acoso sexual por adultos que inventan una identidad para engañarles a través de las redes sociales. Las recomendaciones de la campaña enfatizaban “menos exhibicionismo, más selección de amistades y mayor control de los padres”.

“¿Cuántos de tus amigos en redes sociales conoces realmente? El grooming no es un juego. Es un abuso. Recuerda que, en internet, tu foto no es solo tuya. Es de todos”. Era el mensaje principal de esa campaña.

Aún cuando es un problema que preocupa a padres e instituciones policiales, el grooming no está considerado un delito como tal en la legislación chilena y los sujetos acusados de este tipo de conducta sexual impropia —que no necesariamente llega a la violación— pueden ser juzgados de corrupción de menores o de producción de material pornográfico infantil.

DELITO AUTÓNOMO

Al analizar este problema, el profesor de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad de Talca y subdirector del Centro de Estudios de la Infancia y la Adolescencia (Cedia), Isaac Ravetllat, enfatizó que “la conducta de online child grooming”, que traduce como “propuesta sexual telemática”, debiera incorporarse como un delito autónomo en el Código Penal.

“El problema real en torno a esta figura radica en las dificultades para delimitar de forma exacta el significado y extensión de esta expresión. Así, antes de legislar habría que clarificar múltiples cuestiones al respecto”, aseveró.

En opinión del académico, en no pocas ocasiones el legislador aprueba o modifica normas “en caliente” —fruto de la demanda y alarma social— y no lo hace de la manera más efectiva o eficiente.

En este sentido, pareciera que “to groom” se define en este contexto como “preparar, seducir, embaucar a un niño/a para un encuentro, especialmente cuando se usa una conversación por un canal de internet con la intención de llevar a cabo un acto sexual contrario a la ley”.

MITOS

Al mismo tiempo, el profesor Ravetllat opinó sobre la conveniencia de desterrar también algunos mitos o creencias comunes, respecto del proceso de grooming, lo que es coincidente con las descripciones emanadas de la institución policial.

“Dicho proceso es menos efectivo en caso de propuestas o solicitudes agresivas por parte del llamado ‘groomer’, pues estas no suelen tener buena aceptación entre menores y adolescentes; la efectividad real del grooming radicaría en muchas ocasiones, en conseguir la seducción o incluso el enamoramiento de las víctimas”, remarcó.

Otro de los mitos a que hace alusión el subdirector del Cedia indica que el abusador no siempre responde a la idea de un adulto solitario, aislado y sobre todo extraño al menor. “En tiempos recientes, suelen serlo también otros menores, o personas que forman parte del círculo personal o familiar de la víctima”.

Desde esa perspectiva, sostuvo que hay muchas más modalidades de grooming de las que el ideario social tiende a representar.

“Podríamos, por ejemplo, distinguir entre el grooming intra-familiar (muy extendido) y el extra-familiar; según el medio empleado para el acercamiento, cabe diferenciar entre el llamado grooming ‘cara a cara’, el on-line grooming —que de forma equívoca pareciere que es el único existente—, el street-grooming (acoso callejero) y el grooming entre pares u horizontal, conocido en inglés como peer-to-peer grooming”.

Los padres también son claves para prevenir que sus hijos lleguen a ser víctimas del acoso con fines sexuales a través de internet. En ese sentido, el control parental aparece como una práctica de enorme importancia.

ROL DE LOS PADRES

Justamente en este aspecto y en relación al uso de las redes sociales, puso énfasis la psicóloga Carolina Iturra, profesora de la Escuela de Psicología de la Universidad de Talca.

La profesional puso además en el banquillo de los acusados a las redes sociales las que, en su opinión, constituyen un fenómeno que ha generado cambios en los patrones de interacción social a todo nivel y afecta tanto a niños como a adultos. A su juicio, ese cambio se observa en la forma de interactuar, sin ver caras, “y eso supone de algún modo que no somos capaces de entender o reflejar lo que le pasa al otro, son relaciones más distantes. ‘Yo no te estoy viendo y no me hago cargo entonces si te hago o no te hago daño”.

Asociado a este fenómeno está la vulnerabilidad de los preadolescentes y los adolescentes aunque los padres no estén a veces muy conscientes de esta realidad, porque cuando se trata de niños muy pequeños los progenitores asumen que están a su cargo, “pero cuando pensamos en la preadolescencia y la adolescencia los vemos más grandes, aunque no son capaces de defenderse a sí mismos”.

OTRO FACTOR

Otro factor que influye en esa vulnerabilidad es el hecho que, a diferencia de lo que ocurría en años anteriores en que la adolescencia podía empezar a los 14 o 15 años y actualmente comienza a los 10. Esto implica que los estímulos sociales actúan a menor edad y ocurre que el grupo de amigos genera más influencia que los padres “porque el chico o chica está empezando a desarrollar una identidad propia, a diferenciarse del mundo pero también trata de pertenecer a él. Y este conflicto lo hace enormemente vulnerable”.

En paralelo, la sociedad provee de un acceso mucho mayor a la información, y de patrones y formas distintas de interacción social.

“Asimismo, las funciones de la familia y de los padres han ido variando desde una parentalidad mucho más estricta a una más democrática y, en esa vuelta, creo que hemos perdido como padres la capacidad de poner límites”, destacó.

Lo que ocurre, según explicó, que se asume que los preadolescentes y los adolescentes ya son grandes, tienen acceso a información y van ser capaces de salir solos “y olvidamos que, una de nuestras grandes responsabilidades como padres, es formarlos hasta que sean capaces de desenvolverse autónomamente”.

ACOMPAÑAMIENTO

Sobre la edad prudente para permitir que un niño acceda a internet, la psicóloga aseguró que no existe una edad específica y, más bien, lo que hay que implementar es un proceso gradual y de acompañamiento.

“Creo que no tiene que ver con una edad específica, sino de la madurez de los hijos y de cómo los padres les acompañamos. Una cosa es generar estilos democráticos, en término de que los chicos y chicas tengan voz, capacidad para poder plantear cosas, pero otra muy distinta es nuestra propia responsabilidad. Yo sí creo en el control parental en el uso de redes sociales y también en otras medidas como los permisos para llegar, saber a qué fiestas que van, dónde andan. ¿Y por qué el control? Porque ellos están en una etapa muy vulnerable y mi responsabilidad es atenderlos, cuidarlos y protegerlos”, argumentó.

Carolina Iturra está convencida de que esta posición no constituye ningún atentado contra la intimidad de los hijos y enfatizó que “como papás debemos tener la capacidad de establecer límites claros”.

Recomendó revisar cada cierto tiempo las páginas más visitadas por los menores, “no para discutir, sino para ayudar y enseñar que algunas no son buenas páginas para visitar”.

También insistió en la necesidad de mantener la comunicación cara a cara y en hacer entender al menor de que padres e hijos tienen roles diferentes.

“Eso también les ayuda a sentirse seguros cuando entienden que hay un rol de los padres que es la protección”, afirmó.