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Cuando en todos los canales de televisión se comenzó a hablar de los peligros del mal denominado “juego de la ballena azul”, Margarita Astudillo se asustó. Preocupada llamó a su hija Javiera, de doce años, decidida a conversar con la menor y advertirle sobre ello.

La respuesta que recibió era la que menos esperaba: “Me dijo, pero mamá, si ya lo conozco”.

Pese a que la niña le aseguró que ella no ha participado, la mujer no pudo sino reconocer que la experiencia le significó un enorme remezón.

“Siempre pensé que mi hija estaba segura porque tengo activados los filtros parentales en todos los dispositivos electrónicos de mi casa y además ella tiene prohibido subir fotos y selfies (autorretratos) sin permiso. Pero pese a todas esas prevenciones, darme cuenta que había estado expuesta a este tipo de cosas sin yo siquiera tener la más mínima sospecha de lo que pasaba, simplemente me aterró”, aseguró.

El problema, reconoció esta joven madre, fue que la información le llegó a la menor a través de las redes sociales. “Ella tiene perfiles en WhatsApp, Facebook e Instagram”, admitió.

CRITERIO

El uso indiscriminado y sin ningún tipo de supervisión de las redes sociales por parte de menores de edad es, a juicio de los entendidos, uno de los principales factores de riesgo ante este tipo de realidades.

“Tenemos situaciones donde menores de 13 años usan abiertamente redes sociales, siendo que las edades recomendadas y permitidas por los proveedores es la mayoría de edad -en algunos casos como WhatsApp-, o superior a los 13 años en el caso de Facebook”, explicó el comisario de la Brigada del Cibercrimen de la Policía de Investigaciones (PDI), Ernesto Jimeno.

El detective señaló que esta restricción existe por seguridad de los menores. “Entendamos que estamos exponiendo a su uso a niños que no tienen un criterio para poder usar de forma responsable estas herramientas”, planteó.

USO

Justamente esa “debilidad”, es la que pretenden aprovechar algunos inescrupulosos.

“Hay ciertas actividades que se plantean como juego pero que detrás de ese título esconden prácticas o actividades que buscan dañar, utilizar o abusar del otro”, planteó como inicio el investigador del Centro de Psicología Aplicada (CEPA) de la Universidad de Talca, Andrés Fresno.

El especialista dijo que no se trata de demonizar sistemas como las redes sociales o la internet que –afirmó- pueden ser valiosos instrumentos de comunicación y aprendizaje, sino que crear conciencia respecto de los riesgos que puede significar su uso no controlado.

“¿Dejarías a tu hijo solo, a las 4 de la mañana, en el terminal de buses en Talca? Nadie lo haría. ¿Por qué?, porque lo pueden violar, asaltar, agredir. Bueno, cuando dejas usar estos elementos a un niño solo, lo estás exponiendo a abusadores o a una serie de otros riesgos, entonces es llevar esa misma protección que uno hace en el mundo real al mundo virtual”, planteó.

CONTROL PARENTAL

Si antes se decía que los niños nacían con la “marraqueta bajo el brazo” hoy sería más correcto decir que lo hacen “con el celular en la mano”.

“Tienen acceso a los teléfonos desde que tienen la capacidad de tomarlos, incluso antes de un año son capaces de encenderlo, pinchar un video y jugar”, aseveró Fresno.

En este punto, el especialista advirtió un tema no menor. “No es que ellos ‘tomen’ el teléfono, ‘alguien’ se los pasó, entonces desde el momento en que el adulto decide entregarle un aparato tecnológico también tienen que empezar a desarrollar comportamientos que permitan cuidar a ese niño”, afirmó.

El psicólogo de la UTALCA subrayó que lo que se haga desde esa etapa permitirá ir moldeando las conductas que, en el futuro, lo mantendrán alejado de entornos virtuales riesgosos.

“Los padres tienen que estar presentes durante todas las etapas e ir regulando que realicen actividades que sean acordes a su edad, eso es lo importante, no es prohibirlo ni satanizarlo, sino que cuidarlos, explicarles, y favorecer que vayan desarrollando una autonomía en relación a la tecnología o los juegos que pueden usar”, remarcó.

En medio de toda la batahola que generó el caso de la “ballena azul” el subcomisario Jimeno remarcó la importancia del control parental. “Los padres son el principal filtro, son quienes están más cerca de los jóvenes y pueden evitar el transcurso de estos ‘juegos”, acotó.

Dado lo inédito de casos como el mencionado u otros de similar índole, el policía aportó con algunas recomendaciones respecto de cómo enfrentar situaciones de riesgo.

“Estar atento a algunas señales, si mi hijo o familiares pueden ser susceptibles a la depresión si se auto infringe heridas en la piel, si está pasando en una época un tanto depresiva o si oculta o busca resguardos a ciertas hora de la noche para utilizar las redes sociales y no hacerlo en forma pública, eso ya es primero una voz de alerta”, aseveró.

EJEMPLO

El profesional del CEPA agregó que otro factor que debe ser considerado como parte del proceso de enseñanza es que los padres son el principal modelo a seguir por niños y adolescentes.

“En ese contexto, es súper importante que den un buen ejemplo en el uso de las redes sociales. Por ejemplo, se da mucho que los adultos se intercambien bromas con contenidos violento o erótico por WhatsApp, el problema es que ese teléfono luego se lo pasan al niño para que juegue con lo que ese menor puede quedar expuesto a un contenido muy inadecuado. Esto no solo es un descuido grave, sino que además el menor internaliza que hacer eso está bien”, advirtió.

Con esa misma lógica sostuvo que se debe ser coherente con los mensajes que se entregan. “Uno tiene que educar a los hijos, que no pueden subir fotos de ellos a internet exponiendo su cuerpo -además del momento en que subes una foto dejo de ser tuya-, pero eso no ocurrirá si ellos ven que sus padres sí lo hacen”, graficó.

En ese sentido, el profesional cuestionó que algunos adultos intenten relativizar situaciones como esta. “Se le trata de bajar el perfil, se considera que esto es exagerado, pero no es así, es un daño real que puede ocurrir entonces tenemos que actuar en consecuencia”, expresó.