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Si hay un consenso en Chile es que el monto de las pensiones que reciben los jubilados es bajo. Pero, ¿sabía que el ingreso que reciben por este concepto quienes se jubilan desde el 1 de julio de 2016, es un 2% inferior al de sus predecesores?

Lo anterior es consecuencia del reajuste de las tablas de mortalidad que pública la Superintendencia del ramo –y que se utiliza para el cálculo de las mismas-, que dieron cuenta que la población chilena vivirá en promedio 10,5 meses más de lo anteriormente calculado.

Considerando que según un estudio realizado en marzo de 2015 por la Comisión Asesora Presidencial sobre el Sistema de Pensiones, para el 55% de los chilenos el único ingreso con el que cuentan para vivir los años de vejez será su pensión, el panorama no es muy auspicioso.

Además, considerando que nuestro país “está envejeciendo”, es decir, existe una baja tasa de natalidad que contrasta con el aumento en la expectativa de vida de la población, las dudas sobre el futuro son numerosas.

“Este acelerado envejecimiento poblacional plantea algunas interrogantes, por ejemplo ¿contamos con adecuadas políticas públicas de salud y vejez para enfrentar un escenario con más adultos mayores y más longevos?, ¿resistirán los sistemas de protección social?, ¿los adultos mayores podrán continuar aportando a la construcción social?, ¿cómo hacer para que mantengan las redes sociales, los nexos familiares y para que se sientan parte integrante de una sociedad que tiende a excluirlos?”, planteó el académico de la Facultad de Economía y Negocios, German Lobos.

“Un aspecto central de estas interrogantes tiene que ver con la fuerte presión por mejores servicios de salud y una demanda creciente de solicitudes de pensión de vejez. Esto último está llevando a acelerar la discusión y la búsqueda de alternativas tendientes a mejorar las pensiones. Por ahora está claro que un sistema de capitalización individual no permite generar pensiones dignas, especialmente en los estratos de menores rentas”, explicó.

DE VUELTA AL TRABAJO

Por esta y otras razones, el sistema chileno de pensiones está hace ya varios años en la palestra y hay muchos puntos de vista desde los que se discute el tema y sus aristas.

Según la Encuesta de Caracterización Socioeconómica Nacional (Casen) Adultos Mayores, el número de hogares con jefes/as de hogar de 60 años y más ha ido en creciente aumento. Así, mientras en 2006 eran solo el 29,3% en el estudio más reciente, correspondiente al año 2015, la cifra alcanzó a un 34,2%, resultado que obedecería a la necesidad de los jubilados a volver al mercado laboral porque la pensión no les alcanza para solventar sus gastos básicos.

“En el caso chileno la cantidad de adultos mayores que trabajan ha ido aumentando en el último tiempo, amparado en la libertad de trabajo y en la compatibilidad de éste con la jubilación. Muchos lo hacen por necesidad, es decir, porque la pensión que reciben no les alcanza para cubrir sus necesidades básicas y mayoritariamente se trata de trabajos independientes, pero están aumentando también las cifras de trabajadores asalariados y la economía informal”, planteó el académico de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales Universidad de Talca, Rodrigo Palomo.

El especialista agregó que a esta realidad se suma otro problema: que muchos de ellos lo hacen en condiciones desmejoradas.

“Los adultos mayores son un colectivo especialmente sensible a la precarización del trabajo y de la protección social, por cuanto las fórmulas jurídicas que les resultan aplicables suelen incorporar factores de inestabilidad e inseguridad laboral, y de insuficiencia de recursos para sobrellevar una vida digna”, aseveró.

En este panorama que ya es complicado, el género también influye. Si durante los años activos en el mercado laboral la mujer suele ser afectada por mayores costos en planes de salud y la discriminación salarial, ello trae como consecuencia pensiones más bajas que sus pares masculinos.

PROPUESTAS

El coordinador regional del Servicio del Adulto Mayor, Claudio Montalva, dijo que el Ejecutivo sigue con preocupación el tema de las pensiones. “Especialmente considerando que hoy el promedio de vida de los chilenos es de 83.5 años”, acotó, para luego recordar que en 2017 las pensiones básicas aumentaron en un 10%.

Agregó que reflejo de esa inquietud fueron las iniciativas presentadas hace algunas semanas por el actual gobierno para aumentar el monto ahorrado en un plazo de 6 años, traspasando este costo a los empleadores. En resumen, esto incluye un incremento que se dividirá en dos partes: un 3% directamente para los trabajadores y un 2% como seguro de ahorro colectivo, para crear un fondo común solidario que subvencione a los pensionados con menores ingresos.

Esta iniciativa se va a concretar a través de tres proyectos de Ley ingresados a la Cámara de Diputados; el que establece el alza de 5% con cargo al empleador, el que crea un ente que administrará el porcentaje adicional y el que regulará al sistema de AFP. Todas estas medidas, de ser aprobadas en el Congreso, tienen aplicabilidad a futuro y no tienen efecto retroactivo o aplicable a las pensiones ya cobradas.

Las medidas, sin embargo, no son suficientes de acuerdo con el análisis de Germán Lobos. “No lo son porque no aumentan todas las pensiones”, dijo.

El economista también puso en tela de juicio la eficiencia de las mismas.

“La primera razón es que en la práctica el 5% adicional es un impuesto al trabajo y esto tiene implicancias sobre el empleo y las remuneraciones esperadas. El 5% adicional implica un aumento en el costo de contratar trabajadores, que finalmente no lo pagarán las empresas, sino que los propios trabajadores, a través de menos contrataciones y menores incrementos de remuneraciones en el futuro”, explicó.

“La segunda tiene que ver con los derechos de propiedad. Los trabajadores aportarán un 5%, pero ellos sólo serán dueños del 3%, porque el 2% es de carácter solidario. Sin embargo, la solidaridad es un valor humano, quizás el más importante, es un sentimiento de querer ayudar a otro, sin esperar nada a cambio. Pero no puede ser obligatorio, su esencia es la voluntad del que quiere ayudar. Y la tercera es la creación de más burocracia estatal para administrar los nuevos recursos. La inquietud razonable es saber si el Consejo de Ahorro Colectivo será capaz de generar más rentabilidad que las instituciones actuales operando en el mismo mercado financiero”, opinó Lobos.

Según el profesional, para que la vejez se viva con dignidad hay mucho más que hacer. “Antes costaba mucho llegar a viejo. Parece que hoy es más fácil. Pero vivir la vejez no se proyecta como una etapa digna para nuestros adultos mayores. Debemos hacer muchos esfuerzos, poner todas nuestras capacidades para revertir esta tendencia, y hacer que la vejez sea también de calidad”, afirmó.