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Si en 1981 la esperanza de vida en Chile era de 67 años para los hombres y 70 para las mujeres, en 2015 esa cifra se incrementó a 79 y 83 años respectivamente, mientras que para la región del Maule el promedio alcanzó de 78,3 años de edad.​

Pero cantidad y calidad no siempre van de la mano, por lo cual un desafío constante es que ese aumento se viva con las mejores condiciones de salud posible.

¿Cómo conseguirlo? A juicio de muchos expertos, la alimentación juega un papel clave en ese proceso, ya que al igual que ocurre con las distintas etapas de la vida, al llegar a los 60 años –que es cuando se entra en la categoría de adulto mayor- las personas experimentan cambios que requieren hacer ajustes en su alimentación.

“La recomendación principal es tener una dieta balanceada, variada y saludable, rica en alimentos naturales y baja en comida procesada o ultraprocesada. Si se consumen productos de este último tipo se debe revisar el etiquetado nutricional y preferir aquellos que no tengan sellos o el mínimo de ellos”, dijo la académica de la Escuela de Nutrición y Dietética de la Universidad de Talca, Fabiola Romero.

NECESIDADES ALIMENTICIAS

Sobre las cantidades que se requieren en esta etapa, la especialista explicó que se deben considerar varios factores, ya que desde los 60 en adelante los requerimientos calóricos pueden disminuir respecto a lo que necesitan los adultos jóvenes, principalmente por dos razones: la pérdida de masa muscular propia del envejecimiento y los cambios en el nivel de actividad física.

“La pérdida de masa muscular o sarcopenia es un fenómeno casi universal del envejecimiento, en personas mayores de 70 años es aproximadamente de 0,5 kilos de músculo por año”, estableció.

Esta situación, dijo la especialista, “puede hacer pensar en la necesidad de consumir una mayor cantidad de proteínas –como las que aportan las carnes- que permitieran disminuir o frenar este proceso muscular, pero aún faltan estudios que hayan demostrado un efecto positivo al aumentar las cantidades de proteínas”.

Y es que el aumento indiscriminado de estos nutrientes podría provocar problemas en la función renal, que en los adultos mayores se ve disminuida, razón por la cual la nutricionista enfatizó en la importancia de mantener una dieta balanceada y moderada en relación a los alimentos proteicos.

“Es razonable subir la recomendación a 1 gramo de proteínas por kilo de peso al día, es decir, si un adulto mayor pesa 70 kilos debe consumir 70 gramos de proteínas, distribuidas en las comidas de consumo diario”, precisó.

MASA CORPORAL

La profesora de la Universidad de Talca reveló que en los últimos estudios desarrollados en adultos mayores del Maule se ha observado que quienes tienen índices de masa corporal menor de 26 –que en otros grupos etarios sería una medida normal- tienden a sufrir problemas como osteoporosis o mayor riesgo de fracturas, por lo que recomendó mantener entre 26 y 32 kg/m2 este indicador, eso sí, siempre apuntando a obtener calorías de alimentos saludables.

Romero dijo que los motivos para explicar esta diferencia en relación a adultos jóvenes -que con ese índice serían considerados con sobrepeso- aún no se conocen a cabalidad, pero que es importante que las personas sobre los 60 años mantengan una ingesta de alimento adecuada de acuerdo a sus requerimientos de energía, es decir, suficientes calorías y nutrientes.

“Un adecuado aporte permitirá realizar las funciones y actividades diarias a las que se expone la persona”, aconsejó. Y añadió que no es conveniente que desde esa edad las personas se sometan a dietas restrictivas.

En esta misma línea, indicó la experta de la UTALCA, “la pérdida involuntaria de peso y una reducción en el colesterol sérico, se asocian a mayor riesgo de muerte. La conclusión práctica es que cuando un profesional se enfrenta a adultos mayores que están perdiendo peso en forma involuntaria se debe buscar enfermedades subyacentes que expliquen estos cambios”.

PRIORIdAD

La docente de la Escuela de Nutrición y Dietética añadió que se debe priorizar el consumo de carnes bajas en grasas como las que se encuentran en el pescado, pollo y carnes magras, además de legumbres que podrían ser combinadas con cereales. También recomendó incorporar en la dieta huevos o lácteos descremados.

Otro aspecto que Fabiola Romero instó a tener en cuenta son los micronutrientes, que son críticos en esta etapa de la vida y que merecen una preocupación especial, ya que este grupo etario tiene mayor riesgo de sufrir deficiencia de vitamina D y B12 y exceso de vitamina A y ácido fólico.

En la otra vereda, la profesional sostuvo que se deben colocar en una lista negra de ingesta, es decir, aquellos alimentos que no se deberían consumir por tener un valor nutricional bajo o sólo aportar las llamadas “calorías vacías”, a aquellos con altos índices de azúcares simples como helados, pasteles y bebidas azucaradas, además de los que contienen grasas saturadas como las frituras.

DIETA MEDITERRÁNEA

Otra opción que cada vez se hace más conocida y que incorpora productos naturales en desmedro de alimentos procesados, es la tradicional “dieta mediterránea”, que tiene sus orígenes en los alimentos que se consumían en la antigua Grecia y que se expandió en el continente europeo.

La profesora Romero ejemplificó algunos de los productos que incorpora esta dieta. “Se consumen vegetales como frutas, verduras, legumbres y frutos secos, pescados, pan integral, aceite de oliva e integra el consumo regular de vino en cantidades moderadas”, expuso.

“Estos alimentos aportan las proteínas de alto valor biológico, vitamina B12, ácido fólico, vitamina A, vitamina D y fibra dietaria, que son esenciales para una salud óptima”, añadió la experta.

Además, la dieta puede modificar favorablemente los factores de riesgo en el sistema circulatorio, de acuerdo a lo señalado por Judit Cubedo, profesional del Centro de Investigación Cardiovascular de España.

“Estudios en animales indican que después de un infarto, su consumo puede favorecer la recuperación del corazón”, afirmó.

APRENDIZAJE

Como parte del Programa de Investigación de Excelencia Interdisciplinaria en Envejecimiento Saludable (PIEI-ES) que desarrolla la Universidad de Talca, a principios de 2017 un grupo de adultos mayores de la región asistió al curso piloto denominado “Universidad para el Adulto Mayor”, que abordó ámbitos esenciales de su calidad de vida.

A través de dos módulos, los participantes aprendieron sobre el manejo del presupuesto familiar y la importancia de tener una alimentación saludable. Ambas actividades teórico-prácticas fueron desarrolladas en una jornada por académicos de la Casa de Estudios, quienes llevaron a la práctica algunas de las recetas económicas junto a los participantes, como queque de cáscara de plátano, quiché de cáscara de zapallo, hamburguesas de lenteja e incluso mojitos sin alcohol, que fueron servidos durante la finalización del curso.

“Aprendimos a administrar mejor el dinero y también algunas recetas para comer más sano”, contó una de las participantes, Julia Ramírez.

El director de investigación de esta Casa de Estudios, Iván Palomo, quien además lidera el PIEI-ES, señaló que estos encuentros dan respuestas a problemáticas de los adultos mayores.

“Sirven especialmente para fortalecer los tres pilares del envejecer con salud: no fumar, hacer ejercicios y comer sano. La UTALCA se debe a la comunidad que está alrededor nuestro también y un gran número es adulto mayor”, afirmó.