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Cambios físicos, mentales e incluso emocionales. Por las diversas implicancias en la salud que implica el proceso de envejecer, que requieren de un cuidado comprensivo e integral, la geriatría es la disciplina médica adecuada para atender sus necesidades.

Pese a ello, ya sea por prejuicios –debido a que a muchos les cuesta asumir su condición de adultos mayores-, por desconocimiento o falta de profesionales especializados, la cantidad de personas que recurre a ellos es limitada.

“De acuerdo a los antecedentes que manejamos, la cantidad de adultos mayores crece, pero la cifra de geriatras está lejos de ser la óptima y la administración pública está en conocimiento de la falta de estos especialistas. Para mejorar los números debe haber un compromiso entre el Estado, las universidades que los forman y la Sociedad de Geriatría”, dijo el director del Servicio Nacional del Adulto Mayor (Senama), Rubén Valenzuela.

Como referencia, en Chile existe un geriatra por cada 34 mil adultos mayores, cuando los estándares internacionales recomiendan uno por cada 5 mil adultos mayores.

El geriatra de la Universidad de Chile y miembro de la Sociedad médica que reúne a estos especialistas, Víctor Hugo Carrasco, agregó otra problemática.

“Los geriatras que hay están mal distribuidos, porque ni siquiera la mitad trabaja en el servicio público y la mayoría está en la Región Metropolitana. Para que se entienda bien, los geriatras somos especialistas en todas las patologías del adulto mayor, nosotros derivamos a otros médicos si hay patologías más complejas, y no al revés, muy similar a lo que hacen los pediatras con los niños”, declaró.

MAULE

En un escenario de aumento de las expectativas de vida que el tránsito a la vejez se de en las mejores condiciones posibles es un tema del cual existe conciencia. “El envejecimiento saludable debería ser un pilar -pero todavía no lo es- del sistema. Hoy es un desafío”, expresó el encargado del Programa Adulto Mayor y de Salud Cardiovascular de la seremi de Salud del Maule, Carlos Nicolao.

Más aún, el profesional reconoció que por sus características sociodemográficas, en la región existen factores que, a la larga, impactan en las condiciones en que las personas llegan a esta etapa de la vida.

“Es muy dispar la realidad de salud, porque aquí el tema de los determinantes sociales es sumamente relevante”, observó.

“La ruralidad, que también se relaciona con la alta dispersión geográfica y los problemas de movilización, son determinantes sociales relevantes que contribuyen al oportuno acceso de atención, lo que influirá directa o indirectamente en el futuro de las personas”, comentó.

Para graficar esta realidad, el especialista mencionó que a nivel regional el segmento de 45 a 64 años concentra la mayor cantidad de enfermedades cardiovasculares graves, como infarto agudo al miocardio y el ataque cerebro vascular.

“Es un grupo etario que está más propenso o que tiene mayor incidencia a este tipo de patologías y es probable que tenga un daño posterior que arrastren a la vejez, y que esté relacionado con la disminución de la movilidad, motricidad, dificultad para deglutir, la vida autónoma en general”, planteó.

PREVENCIÓN

Ante estas carencias, y dado que los especialistas coinciden es en la necesidad de prevenir para enfrentar este ciclo en las mejores condiciones posibles, en 2013 un grupo de investigadores de la Universidad de Talca dio vida al Programa de Investigación de Excelencia Interdisciplinaria para el Envejecimiento Saludable (PIEI-ES), iniciativa que estudia cómo aspectos relacionados con la alimentación y el estilo de vida impactan sobre este proceso, para generar conocimiento que contribuya a mejorar el bienestar de las personas.

A juicio del director del proyecto, Iván Palomo, alcanzar dicho objetivo es posible en la medida que las personas, desde que son jóvenes, mantengan estilos de vida adecuados.

“Los dos principales factores que intervienen en el estado de salud de las personas son las características genéticas y el estilo de vida. Los principales factores de riesgo para enfermedades crónicas son el tabaquismo, el sedentarismo y la alimentación no saludable. Esto determina que el aumento de la población de adultos mayores conduzca a un aumento en la demanda de servicios sociales y de salud”, explicó.

“Está demostrado que las personas que no fuman, realizan actividad física y consumen una dieta balanceada, envejecen en forma más saludable”, agregó.

IMPACTO

En línea con la atención integral que requieren las personas de más edad, el PIEI-ES ha generado nuevo saber en cuatro líneas de investigación: riesgo cardiovascular, salud oral, neurociencias y bienestar. “Lo anterior contribuye a mejorar la calidad de vida de los adultos mayores”, acotó Palomo.

“Los nuevos conocimientos se han publicado en revistas científicas disponibles a nivel internacional para investigadores de todo el mundo. Además se han realizado jornadas internacionales y talleres enfocados en la promoción del envejecimiento saludable”, afirmó.

El profesional agregó que en la actualidad se está realizando un proyecto de investigación a nivel regional que abarca de forma integral al adulto mayor y pretende generar resultados que permita enfocar de mejor manera las políticas de salud en el adulto mayor.

SALUD ORAL

Si bien en los últimos años el país ha ido adoptado progresivamente las recomendaciones internacionales sobre políticas de envejecimiento, hay un ámbito respecto del cual aún queda mucho por hacer: la salud oral.

“La cobertura de salud bucal en el adulto mayor es inexistente, por decirlo en términos más concretos, o esporádico, si uno quiere ser benevolente”, dijo el académico e integrante del Grupo de Investigación en Odontogeriatría del PIEI-ES, Rodrigo Giacaman.

El problema, según el profesional, es que no existe conciencia respecto de que esta variable puede ser la puerta de entrada a muchas otras dolencias. “Nuestra hipótesis es que los cuadros no tratados se van encadenando para llevar a un cuadro de dependencia donde la persona empieza a tener un franco deterioro de su calidad de vida”, planteó.

El especialista detalló la forma en que opera esta suerte de círculo vicioso. “El mayor problema en la población es la caries dental -que en el adulto mayor se puede potenciar a causa de los diversos medicamentos que consumen para tratar enfermedades crónicas-, muchos de los cuales causan sequedad bucal que puede hacer que el problema aumente”, advirtió.

Añadió que por las limitadas posibilidades de acceder a cuidado y atención especializada, muchos de ellos comienzan a perder dientes.

“La disminución o pérdida de la función masticatoria hace que cambie el patrón de alimentación, por que una persona con pocos dientes va a comer probablemente alimentos blandos y ricos en carbohidratos, y dejará de consumir otros que son más fibrosos, ricos en proteínas. Eso lleva a la desnutrición que hace que se pierda más masa muscular, que lo deja en una situación de debilidad ante la cual una caída o fractura pueden dejarlo postrado, con lo que llega, finalmente, a la dependencia”, afirmó.

El profesional también alertó sobre el impacto psicosocial que genera este tipo de dolencias. “Impacta en su autoestima y en su capacidad para establecer relaciones sociales, propiciando su aislamiento”, comentó.

Tratando de entregar una alternativa, en especial a personas que se encuentran postradas, los investigadores pusieron en marcha un programa que permite otorgar atención odontológica a personas que se encuentran postradas.

“Es un sistema muy novedoso que nos permite ofrecer una alta cobertura a un bajo costo”, comentó Giacaman, quien destacó que gracias a este Programa “hemos liderado a nivel nacional una investigaciones que han do explorando el impacto que tiene la salud bucal en la calidad de vida de las personas mayores”.