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El efecto del calor sobre la calidad del sueño

El efecto del calor sobre la calidad del sueño

Marzo 6, 201838Views

En verano, en la región del Maule se registran temperaturas que pueden superar los 26° durante la noche, lo cual puede afectar la calidad del sueño y con ello, la capacidad de enfrentar de forma óptima las actividades cotidianas. Especialistas analizaron este fenómeno y entregaron una serie de recomendaciones para enfrenarlo.

El verano es una temporada que muchos esperan con ansias para descansar y, por qué no, dormir hasta tarde. Un apetecido propósito que no siempre se logra debido al denominado “insomnio de verano”, que se origina por las condiciones propias de la estación, en particular, noches más calurosas.
Una situación que en el período estival no es ajena para los habitantes de la región, que se enfrentan a días de mayor calor, como se desprende de un estudio realizado en la Universidad de Talca, que reveló que en la capital maulina hubo un aumento de 0,6 grados en los últimos 14 años, por sobre el promedio mundial. El mismo análisis mostró que los “días de calor”, es decir cuando la temperatura es igual o mayor a 25 grados, se incrementaron en 16, sumando un total de 151 al año.
Una variación que también se refleja en las jornadas nocturnas, debido a que el ambiente más cálido hace más difícil conciliar un sueño reparador.
“Cuando la temperatura es mayor a los 26 grados en nuestra habitación, acorta los tiempos de duración de una etapa particular del sueño como es la relajación muscular completa. Para que esta etapa ocurra se debe bajar la temperatura corporal, de lo contrario la persona se despertará a mitad de la noche, le costará más volver a dormir, y por ende no podrá reparar las energías propias del descanso”, explicó el secretario académico de la Escuela de Medicina de la UTALCA, doctor Gustavo Constenla.

INSOMNIO “DE VERANO”

El insomnio es la dificultad de iniciar o mantener el sueño e impacta directamente en la calidad de vida de las personas, pues quienes lo sufren suelen ver disminuido su rendimiento en las actividades que a diario realizan, se vuelven más irritables y, en los peores casos, puede desencadenar trastornos como ansiedad, estrés y depresión.
Sus causas son sencillas, la primera se debe porque al tener más horas de luz natural, la melatonina -hormona encargada de producir el sueño- no se puede segregar en el cerebro debido a que depende principalmente de la oscuridad. También por el calor, pues a mayor temperatura el cuerpo deja de producir melatonina.
El profesor Constenla indicó además que existen ciertos hábitos que la gente adopta en verano y que pueden ser contraproducentes a la hora del descanso; acostarse más tarde, postergar las horas de comidas, hacer ejercicios en horas nocturnas y tomar bebidas para aplacar el calor como alcohol o café.
“Si a esto le sumamos que durante el verano las personas cambian sus hábitos de vida porque se van de vacaciones o porque tienen otras actividades, también está demostrado que disminuye la actividad física porque se transforma un poco la vida y aumenta en ocasiones el consumo de alcohol. Todos esos factores alteran o dificulta tanto mantenerse dormido o dormirse”, agregó el profesional.

EL BUEN DORMIR

El también académico de la Escuela de Medicina de la UTALCA y neurólogo del Hospital Regional de Talca, René Meza, añadió que el “buen dormir” depende de múltiples factores, tanto intra como extracorporales.
“Nuestros reguladores internos de temperatura, la equilibran aumentando o liberando calor según se requiera y para ese proceso es fundamental la temperatura ambiental como referencia. Con las temperaturas más altas del verano, se ve interferido este proceso, dificultándose el inicio y la mantención del sueño”, indicó.
“Debe tenerse muy en cuenta que nuestra tolerancia al frío y calor es extremadamente diversa entre una persona y otra, en razas, o incluso en distintas edades. Aun así se establece en verano una temperatura ideal aproximada de 22 grados Celsius durante la noche, para tener un mejor sueño al menos al inicio del dormir, considerando que nuestra temperatura también se tiende a reducir durante el reposo de la noche”, añadió.
Ambos especialistas coincidieron en mencionar la larga exposición de la luz y las altas temperaturas como factores preponderante en el insomnio de sueño. Incluso, estudios internacionales han demostrado que el calor es culpable de la activación de impulsos nerviosos que generan la sensación de “pesadez” durante el día y somnolencia ante el volante cuando se conduce con una temperatura ambiente superior a los 30 grados.
En el caso de los niños, el profesor Meza apuntó al calor como una de las variables que más inciden en la calidad de su descanso.
“En el caso particular de los más pequeños, sólo manifiestan inquietud o irritabilidad si les resulta incómodo el calor. En los niños mayores, ya no sólo el calor es una variable importante, sino los buenos hábitos para un buen dormir, entre ellos el evitar aparatos electrónicos durante la noche, el ruido ambiental, o alimentos consumidos muy tarde, entre otros”, planteó.

FALTA DE SUEÑO:
PROBLEMAS

La Secretaria Regional Ministerial (Seremi) de Salud del Maule, Valeria Ortiz, reconoció que la falta de sueño puede desencadenar otros problemas de salud.
“Las consecuencias por no tomar el descanso necesario están referidas a una mala dieta producto de malos hábitos alimenticios, por ende está asociado a trastornos orgánicos como diabetes u obesidad”, indicó.
Por su parte, el profesor Constenla agregó como secuela la afectación en la salud mental y una limitada capacidad cognitiva, relacionada con la pérdida de la capacidad de atención, recuperación de la memoria y aprendizaje.

FASES DEL SUEÑO

La Asociación Mundial de Medicina del Sueño (WASM, por sus siglas en inglés) sostiene que existen tres elementos necesarios para dormir bien: duración, dedicarle el tiempo suficiente para lograr estar descansados y alertas durante el día (7 o 9 horas); continuidad, poder dormir sin interrupciones para que el sueño sea efectivo; y profundidad, para que logre ser reparador
En tanto, las fases del sueño están divididas en: iniciación, cuando los ojos están cerrados y es fácil despertarte, la cual suele durar de 5 a 10 minutos. En ese lapso, los ojos se mueven lentamente y los músculos se enlentecen. También ocurren contracciones musculares, donde las personas sienten que se están cayendo.
La siguiente etapa se denomina comienzo, momento en que el ritmo cardíaco y la temperatura disminuyen. También se desacelera la actividad cerebral y la persona duerme ligeramente pero sin sueños.
Durante las fases 3 y 4 está el sueño profundo, donde no hay movimiento muscular ni ocular. Es difícil despertar a una persona en esta etapa y si la persona se despierta se sentirá desorientada.
La última etapa es la REM (Movimiento Rápido de los Ojos según sus siglas en inglés), donde la actividad del cerebro es rápida y los músculos están paralizados. Los niños pasan el 50% de su sueño en REM, mientras que los adultos entre un 30 o 20%.

TIEMPO

De acuerdo a las edades, el profesor de la UTALCA, Gustavo Constenla explicó que los menores de cinco años deben dormir entre 10 y 13 horas diarias; mientras que los escolares entre 5 y 10 años, requieren dormir 11 horas; los adolescentes, entre 9 y 10 horas; y por último, los adultos, con un promedio de 7 y 9 horas de sueño.
Ambos profesionales advirtieron que la falta de información e inexistencia de campañas dirigidas a educar sobre la higiene del sueño y la importancia del descanso reparador para la rehabilitación del metabolismo humano, es una asignatura pendiente de los organismos de salud, iniciativa que también ayudaría a evitar la aparición de enfermedades que pueden reducir la expectativa de vida de las personas.