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El desarrollo de habilidades sociales frente a la tecnología

El desarrollo de habilidades sociales frente a la tecnología

Marzo 6, 201841Views

Atraídos por las innumerables posibilidades de información y entretenimiento que entrega la amplia variedad de aparatos tecnológicos a los cuales existe acceso, muchos padres se refugian en ellos para “asegurarse” espacios de tranquilidad. Especialistas advierten que si bien esta solución de corto plazo pareciera resolver un problema, puede afectar el desarrollo sicosocial de los menores.

La familia Fernández se reúne en un conocido restaurante de la 1 Norte para celebrar el cumpleaños de Ximena, esposa de Juan Pablo, y madre de Iván y Camila, de 13 y 8 años respectivamente. Mientras aguardan por la comida, la agasajada se siente distante de su familia: su esposo revisa el celular y responde algunos correos del trabajo, su hijo mayor no despega los ojos del juego de fútbol de su portátil y la menor observa una serie infantil en su tableta. La celebración pasó desapercibida, sin mayores emociones, con pocas palabras y falta de afecto.
Así como los Fernández, muchos núcleos familiares se encuentran aislados dentro de sus propios hogares, realidad que se hace más evidente –e incluso se acentúa- en el período de vacaciones, cuando algunos padres recurren a los aparatos tecnológicos para mantener “entretenidos” o incluso para “calmar” a los niños cuando expresan enojo, tristeza o manifiestan necesidad de atención.

CONSECUENCIAS Y SOLUCIONES

Con la oleada de aparatos tecnológicos que actualmente se encuentran disponibles en el mercado, escenas como la antes descrita, donde los menores –altamente estimulados por la tecnología- muestran escaso interés por interactuar con sus seres queridos, se vuelven cada vez más frecuentes.
Una realidad cuyos efectos ya empiezan a observarse: aislamiento social, desregulación emocional, retraso del lenguaje, poca creatividad y baja tolerancia a la frustración, son las algunas de las conductas que la académica de la Facultad de Psicología, Rosario Spencer, mencionó como consecuencia del uso desmedido de la tecnología.
“Esto tiene impacto en el desarrollo infantil, cognitivo, social y afectivo; también la preocupación de los niños en que mamá y papá no conversa ni juega conmigo porque está todo el rato en el teléfono. Cuando esto es así se requiere de ayuda profesional, la cual tiene que hacerse en toda la casa, comenzando con los padres y su educación en el uso de las tecnologías frente a sus hijos; también en los hijos, ofreciendo alternativas, regulación de contenidos, control parental, no es la cantidad sino la calidad de lo que están consumiendo en redes”, subrayó.
La profesora Carolina Iturra, de la misma unidad académica mencionó otros efectos. “Dificultades en el desarrollo adecuado de habilidades sociales, así como impacto negativo en la capacidad atencional y de concentración de los niños, de memoria en la adquisición y desarrollo de la lectura y escritura”, añadió.

CONTROL DE EMOCIONES

Rosario Spencer advirtió sobre el surgimiento de un nuevo problema, que se origina cuando se usa, por ejemplo, un teléfono como herramienta para controlar las emociones. Una conducta que puede perjudicar el desarrollo social de los menores.
“La tecnología no puede ser un descanso para los padres, ¿Es la necesidad del niño o del adulto? Si yo como adulto tengo un amigo que está llorando no le voy a dar el teléfono para que juegue, ¿verdad? Obviamente debo escucharlo y apoyarlo”, explicó.
“Pero algo pasa en los niños que molesta a los adultos, sus emociones son intensas, cuando se enojan, demandan o están tristes, y en esos casos los adultos distraen a los niños. Es como si apagaran un ruido que es molesto y lo distraigo con el teléfono”, agregó.
La profesional advirtió que este tipo de conductas puede derivar en problemas de rendimiento escolar, concentración, de relaciones sociales y falta de comunicación.
“No está aprendiendo a relacionar las causas que generaron su malestar, tampoco está aprendiendo a calmarse porque no siempre tendrá un teléfono a la mano y lo más importante es que está aprendiendo que papá o mamá no pueden con él. No estamos desarrollando habilidades de resolución de conflictos”, subrayó.
Carolina Iturra, coincidió que es un error tratar de regular la conducta de los niños mediante el uso excesivo de aparatos electrónicos.
“No quiere decir que no puedan ser usados como parte de la entretención o con fines vinculados al estudio, pero para que los niños puedan lograr un desarrollo sano y armonioso deben aprender a tolerar la frustración, de lo contrario, estamos evitando que aprendan a autorregularse”, afirmó.

AMIGOS “REALES”

En este contexto, ambas especialistas coincidieron en subrayar la importancia de fortalecer el desarrollo social de los niños a través, por ejemplo, de la relación e interacción que puedan establecer con amigos “reales” y no digitales, esto es, que solo conocen a través de los computadores.
“Los seres humanos somos seres gregarios por naturaleza, es decir, requerimos el establecimiento de relaciones sociales para nuestro desarrollo armónico”, expresó Iturra.
Subrayó que “la infancia y adolescencia es de vital importancia para lograr adquirir habilidades sociales que permitan un adecuado desarrollo que fomente nuestra inserción y madurez como adultos. Por ello, debemos propiciar que los niños y adolescentes se relacionen cara a cara con sus pares”.

EJEMPLOS

Según la profesional, para el desarrollo de conductas saludables es clave el ejemplo de los adultos que están a cargo de su cuidado, en particular considerando que los niños de hoy son considerandos “nativos digitales”, por su contacto temprano con las tecnologías de información y comunicación, a partir de lo cual tienen una manera distinta de relacionarse con el mundo familiar o social.
En ese sentido, Carolina Iturra, consideró fundamental que los padres acompañen y guíen a los menores en el uso de internet.
“Conversar con ellos sobre cómo interactuar en un espacio digital y que muchas de las claves sociales que utilizamos en la interacción cara a cara, tienden a desaparecer. A ello se debe sumar la necesidad de trabajar en el autocuidado de los niños y adolescentes, promoviendo estrategias que les permitan defenderse y poner límites a las relaciones en los espacios digitales, por ejemplo, no aguantar malos tratos mediante las redes o no exponerse a peticiones que sean deshonestas, como mandar fotos en ropa interior o desnudos”, agregó.

INFLUENCIA POSITIVA

La académica de la Facultad de Psicología de la UTALCA, Rosario Spencer, añadió que los padres también deben educarse en el uso y abuso de la tecnología a fin de servir de influencia positiva a sus hijos.
“Cuando uno ve a papá y mamá que están pegados al teléfono uno se pregunta cómo el niño va hacer algo distinto, si no tienen un aprendizaje diferente que va más allá del discurso de los padres sino de los modelos que ven”, planteó.
“Los padres deben ser educados para que regulen el acceso de las tecnologías de los niños. Cosas cotidianas, como el ejemplo del restaurante, donde no hay conexión o interacción humana, ahí es cuando uno evidencia que el problema proviene de los padres”, observó.
En algunos hogares maulinos se está tomando conciencia de esta situación. En uno de ellos Margarita Valenzuela, dueña de casa residente en el sector Oriente de Talca, comentó que en su hogar se adoptan algunas medidas para fomentar la convivencia familiar y prevenir el abuso de la tecnología.
“Antes de desayunar, almorzar o tomar once dejo una pequeña cesta en la mesa con el fin de que todos los miembros de la familia coloquen allí sus teléfonos celulares. Esa primera medida nos ha permitido conversar más de nuestras vidas durante el momento de la comida, además que hay un respeto a la mesa donde comemos y a la relación familiar”, explicó la mujer, madre de dos adolescentes de 17 y 15 años.