Hace casi dos años el suicidio del liceano Yordan Valenzuela, de Longaví, conmocionó a la comunidad escolar y regional. Tenía solo 15 años y no pudo continuar soportando el maltrato de que era víctima por parte de unos compañeros. Sin poder encontrar una salida, decidió terminar su sufrimiento acabando con su vida.
En Santiago, hace unas semanas un estudiante atacó con arma blanca a una profesora, quien no alcanzó a sufrir lesiones físicas pero quedó en shock.
Estos dos hechos trágicos pero reales ilustran situaciones de violencia en las escuelas, un tema frecuente en los medios de comunicación que preocupa a familias, profesores, estudiantes, autoridades y a la comunidad en general.
Como forma de hacerse cargo de esta triste realidad se promulgó en 2011 la Ley de Violencia Escolar, que estableció definiciones, responsabilidades, sanciones y procedimientos para enfrentar situaciones de violencia, conductas popularmente conocidas como “bullying”.
La Ley definió como acoso a toda agresión u hostigamiento reiterado realizado tanto dentro como fuera del establecimiento educacional por un grupo o un estudiante en contra de otro, generando maltrato, humillación o temor. Esta violencia no siempre se ejerce de forma presencial, por cuanto el desarrollo tecnológico abrió una variante virtual a través de las redes sociales conocida como “cyberbullying”.
¿Es un reflejo de que en la sociedad actual hay más violencia? La psicóloga Tatiana Canales, profesora de la Facultad de Psicología de la Universidad de Talca, dijo no disponer de datos duros que permitan confirmar esa hipótesis, pero reconoció que el mayor acceso a la información facilita que este tipo de episodios sean conocidos.
No obstante, hay cifras que hablan de un escenario no muy auspicioso. Una encuesta realizada a fines de 2012 en el marco del Estudio Internacional de Tendencias en Matemática y Ciencias (Timss), reveló que el índice de violencia escolar en Chile es 10 puntos superior que el promedio internacional.
Entre los datos más significativos del estudio se detectó que el 62% de los escolares de cuarto básico reconoció ser víctima de bullying, mientras que el 31% dijo sufrirlo casi todas las semanas, resultado que ubicó a Chile como el quinto entre los países con peores índices de violencia escolar, detrás de Tailandia, Qatar, Bahrein y Marruecos. Nueva Zelandia, Omán y Emiratos Árabes tienen las mismas tasas que Chile.
PERFILES

Tatiana Canales sostuvo que la preocupación que existe en el país en materia de educación está orientada a mejorar la calidad, asumiéndose que la escuela es un entorno social protector en el cual el estudiante debe sentirse bien y seguro para aprender.
“Si el estudiante siente temor, probablemente no se va a enfocar en lo que está pasando en la sala de clases, sino en protegerse y una persona que se siente amenazada, insegura dentro del colegio, claramente no va a rendir de acuerdo a sus capacidades”, planteó.
Agregó que el bullying no sólo se manifiesta por medio de violencia física, sino que puede ser relacional, emocional o social, donde quien ejerce la violencia se encuentra en un “estatus” social más alto que su víctima. Precisamente, una de las características del agresor es que busca notoriedad, ser celebrado entre sus pares y reconocido como “el bacán” lo cual le otorga cierto nivel dentro del curso, que en parte se sustenta en una sensación de impunidad construida sobre la “aceptación” de los demás.
También reparó en que durante el proceso de construcción de identidad para los adolescentes es de gran importancia el sentido de pertinencia, lo que explica que comiencen a formar grupos de cinco o seis pares de los cuales difícilmente se despegan. Cuando esa agrupación adopta un carácter negativo, discriminando a los otros, es cuando el bullying puede llegar a ser aún más severo.
En tanto, Canales advirtió que por parte de la víctima comienzan a mostrarse alteraciones en el desarrollo social, como baja confianza y autoestima, dificultad para entablar nuevas relaciones, entre otras. De esta forma él o la afectada comienzan a evitar entornos relacionados al colegio, así como la compañía de terceros.
Como consecuencia de lo anterior, éstos jóvenes empiezan a evidenciar problemas de rendimiento escolar, falta de motivación o alteraciones del sueño, conductas que si bien Canales dijo pueden tener otras causas, suelen ser una señal de alerta de que algo está ocurriendo.
En ese sentido, la psicóloga señaló que considerando que las personas tienen distintas formas de reaccionar, no es descartable que una víctima de bullying llegue a atentar contra su vida. “Si no hay muchos recursos personales, si la persona no es tan resistente, claramente se va a ver sobrepasada y eso puede desembocar en daño contra sí mismo”, advirtió.
En este contexto, la especialista indicó que las estrategias a seguir implican trabajo con el entorno y recursos personales del menor, generando las bases para que desarrollen la capacidad de construir relaciones de confianza, así como redes de protección y apoyo. En el plano social, explicó que a nivel de curso se puede profundizar en los alcances de la impunidad, y en como la indiferencia del observador implica una suerte de “autorización” para el hecho.

PROFESORES Y PADRES

Según la psicóloga de la misma Facultad, Carolina Iturra, desde la perspectiva de los profesores hay otros aspectos que se deben considerar.
Planteó que el rol de los maestros ha cambiado en los últimos años, principalmente orientándose a enseñar contenidos programáticos pero careciendo de herramientas para abordar la convivencia con cursos de 40 o más niños con individualidades distintas.
Iturra también apuntó a otra problemática, y es que la violencia escolar se da en dos direcciones.
“A veces tienen una doble faz porque así como escuchamos que profesores son agredidos y maltratados por sus estudiantes, también escuchamos de profesores que agreden y maltratan a sus alumnos. Eso tiene que ver con aprendizajes más sociales, porque cuando un niño ingresa a primero básico y está expuesto al comportamiento de un profesor que maltrata a los estudiantes, se está legitimando de algún modo que el maltrato es válido en el contexto escolar”, precisó.
No obstante, la psicóloga advirtió que junto al factor conductual, también hay trastornos biológicos que pueden incidir en este tipo de comportamiento. “A veces no hay una sola explicación a nivel social, de aprendizaje, de adquisición de patrones o hábitos, sino que existen temperamentos, condiciones de conducta proclives hacia comportamientos disruptivos en el aula”, observó.
Respecto al rol de los padres en el tema, arguyó que desde una visión ideal la convivencia escolar debiera ser un trabajo de mucha sintonía entre la escuela y el hogar, sobre todo, en la formación de los valores democráticos.

estadísticas

En el ámbito administrativo, el encargado de atender las denuncias sobre acoso es la Superintendencia de Educación, cuya función es fiscalizar el cumplimiento de la normativa educacional.
De acuerdo al “Informe de Denuncias” reportado por la Institución entre el 1 de enero y el 30 de noviembre de 2012 se habían contabilizado 10.586 denuncias en todo el país. El primer lugar de la tabla entre las materias más denunciadas lo ocupó el maltrato escolar, con 3.963 casos a nivel nacional (37%).
Cuando reveló esos resultados, el superintendente, Manuel Casanueva, recordó que “el bullying no se da solamente al interior de los establecimientos, sino que también vía Internet y redes sociales, por lo tanto hay que tener cuidado”.
En tanto, desde que la Superintendencia abrió sus puertas en la Región del Maule en septiembre de 2012, se han recibido cerca de 300 denuncias, el 33% de las cuales corresponde a maltrato escolar, según informó el director regional, Ronald Soto, quien precisó que ese porcentaje está por debajo de la media nacional que bordea el 50%.

SANCIONES

Respecto a la situación en El Maule, Ronald Soto aclaró que los procesos que están siendo investigados aún no han concluido porque si bien la Superintendencia inició sus funciones el 1 de septiembre, el período de vacaciones obligó a discontinuar ese trabajo, el que se retomó recientemente. Por lo mismo, sostuvo que aún no existen sanciones, las cuales pueden ir desde una amonestación escrita hasta una multa que supera los 40 millones de pesos.
En este punto, Soto precisó que la Superintendencia fiscaliza aspectos administrativos relacionados con la aplicación de la normativa educacional y, en caso de infracción, sanciona al sostenedor del establecimiento.

“El área de denuncias está orientada a solucionar los problemas, a tratar de no sancionar, sino a llegar a un acuerdo o a regularizar si no se está cumpliendo con la normativa”, explicó.
“En el caso de maltrato y violencia escolar, fiscalizamos que los establecimientos tengan un reglamente interno, que a su vez contenga un reglamento de convivencia y que exista un encargado de convivencia formalizado y establecido”, profundizó.
Añadió que en paralelo los afectados pueden presentar una denuncia a la Fiscalía, a la que también la Superintendencia puede aportar antecedentes. “Pero no tenemos que ver con la parte penal o judicial”, aclaró.
En cuanto a la cantidad de denuncias en la zona maulina, Soto relevó que aunque el promedio de la región es más bajo que en el resto del país, la cifra es preocupante. “Indica que algo está fallando en el sistema y de lo cual nos tenemos que hacer cargo”, aseveró.
“Queremos que en la sala de clases haya un trato leal entre los alumnos, que se respeten entre ellos y sus profesores y esto es un trabajo de todos. ¿Qué buscamos con eso? Que la educación mejore”, sentenció.
Para avanzar en esa dirección, Soto insistió que el primer paso es la denuncia, para lo cual llamó a las personas a utilizar los canales disponibles.