¿Qué es eso?, es una de las primeras preguntas que enfrentan las familias en materia de educación sexual, cuando niños y niñas bordean los tres años de vida. La respuesta debe ser clara y sencilla, es tu pene o es tu vagina.
Desde ese momento y durante los siguientes años, comienza el proceso de educación sexual. “La sexualidad forma parte de la vida de todas las personas, está presente desde antes de nacer y nos acompaña hasta la muerte. Considera aspectos biológicos, creencias valores, conocimientos y costumbres de nuestro entorno social”, explicó Evelyn San Martín, psicóloga de Integra de la Región del Maule.
Sobre esa base la profesora afirmó que “así como hay que promover el desarrollo cognitivo, físico, emocional, interpersonal y moral, también hay que hacerlo con el desarrollo sexual de los niños”.
En esa línea, la académica y psicóloga de la Universidad de Talca, Tatiana Canales, sostuvo que esa formación debe ser permanente y reactiva a las consultas que hagan los pequeños. “Hay ciertos niveles de conocimiento que tienen los niños de acuerdo a su edad, pero siempre el mejor ritmo es hacerlo en base a las preguntas que formulen”, indicó.
Las especialistas coincidieron en que la educación sexual debe ser afrontada como un tema de familia, para que en el futuro, cuando los menores entren a la etapa de la adolescencia, tengan la confianza suficiente para hacerle a los padres preguntas más complejas y hablar de lo que les pasa.

AUTOCUIDADO

Pero la gran pregunta que muchos padres se hacen es cómo hacer para que niños y niñas estén alerta y puedan evitar situaciones de riesgo en su desarrollo sexual.
De acuerdo a la docente de la UTALCA, la respuesta está en la educación, explicando a los menores que sus partes íntimas son sólo de él o de ella y que existen ciertas demostraciones de afecto, como besos y caricias, que deben generarse sólo con el círculo más cercano.
“Es preferible que sólo un reducido número de personas estén dentro de ese círculo, ya que el niño entiende mejor quienes son los que tienen el permiso para realizar ciertas acciones”, profundizó.
En los jardines infantiles, el desarrollo de actividades dirigidas a abordar estos temas comienza entre los 3 y 4 años.
“Se planifica y se conversa mucho en relación al cuidado que deben tener con sus partes íntimas, en no dejar que los toquen, pero a pesar de esto es muy difícil poder evitar un abuso en especial cuando el causante es de un ambiente cercano o un familiar”, contó la educadora de párvulos, Verónica Reyes, quien trabajó más de diez años en jardines infantiles de las Aldeas SOS, que atiende a niños de escasos recursos.
Según Reyes lo más importante es reforzar los vínculos de confianza entre los niños y sus padres para que se sientan motivados a contar cuando alguien se les acerca de forma sospechosa o los toca. “Son importantes las charlas con las familias para que sepan tratar el tema y saber escuchar y darse cuenta cuando algo extraño le sucede a su hijo”, manifestó.
En esa dirección advirtió que se deben colocar normas que el niño entienda, como, por ejemplo; salir del jardín o establecimiento sólo con las personas que sean designadas para esa tarea; esperar al interior del colegio mientras esperan a quien los debe ir a buscar; dar besos sólo en la mejilla a personas ajenas al círculo familia o sólo si uno de sus padres está presente, son algunos de los mensajes que los menores deben recibir y ser repetidos hasta que lo internalicen.

EVOLUCIÓN

Tatiana Canales indicó que durante la edad escolar son más frecuentes las preguntas relacionadas con los roles y diferencias entre hombres y mujeres.
“A los tres años los pequeños comienzan a hacer preguntas sobre su cuerpo comparándolo con otros. Posteriormente, de 5 ó 6 años, se comienzan a interesar en temas relacionados con las diferencias de género”, indicó.
En tanto, advirtió que nuevas interrogantes llegan junto a la pubertad, etapa marcada por el inicio de cambios físicos y el incremento hormonal.
La psicóloga de la UTALCA, indicó que un “síntoma” de que están entrando en este período es cuando las niñas dejan de correr en los patios del colegio y comienzan a caminar. “Esta acción marca el comienzo de la adolescencia y el interés por temas románticos o relacionados con la sexualidad, entre otros”, relató.
“En ese momento, la prioridad es establecer y buscar en el entorno social la pertenencia a un grupo, definir con quién converso, con quién me relaciono”, comentó la profesional.
Canales sostuvo que es cuando se comienza a definir la orientación sexual del adolescente, proceso que también debe ser apoyado por los padres.
“Aquí es cuando se torna importante haber ganado la confianza del joven desde su edad más temprana, siendo claros y sinceros en la formación, ya que surgen las preguntas más complejas y que muchas veces son respondidas por sus pares y no por los padres. Durante este período es cuando en los establecimientos educacionales se entrega la formación biológica sobre el tema, pero que debe ir de la mano con las orientaciones de un adulto”, planteó.
A modo de resumen, la psicóloga sentenció que “lo que hace la diferencia entre si estás educado o no para desplegar tu parte sexual tiene que ver con las expectativas, con las presiones, con las normas y eso debe entregarlo la familia, no necesariamente el colegio”.