Dar o no dar mesada, he ahí la duda existencial de muchos padres que no saben qué tan beneficioso puede ser adoptar este sistema a través del cual se entrega a niños o jóvenes una cantidad de dinero para sus gastos personales, ya sea de forma semanal, quincenal o mensual.
Que son muy pequeños, desordenados o que se motiva el consumismo, son algunos de los cuestionamientos que rodean un tema que, según especialistas, si se maneja de forma adecuada puede ser una buena oportunidad para enseñarles el valor del dinero y su administración.
Pero no se trata de un aprendizaje “automático” que se da por el solo hecho de manejar dinero, según aclaró la académica y doctora en Psicología de la Universidad de Talca, Rosario Spencer, quien advirtió que como todo aprendizaje debe ser guiado.
“No es posible decir a priori que el dar mesada sea bueno o malo, sino que depende de cómo se transmite y cuáles son las enseñanzas con que se acompaña: ¿enseño a mi hijo a valorar el dinero como un medio o como un fin en sí mismo?, ¿soy consecuente en el dar una cantidad fija o le doy la mesada y, además, cada vez que me pide?, ¿dejo que gaste libremente su plata en lo que quiera o controlo los gastos que hace?, ¿le ayudo a distinguir qué es más conveniente?”, planteó.
En base a esa reflexión y para hacer de esta herramienta algo positivo, sugirió partir respondiendo a la pregunta de cuál será el destino de ese dinero.
“En el fondo se trata de ayudar al niño a visualizar si la mesada debe cubrir sus gastos cotidianos, y, por lo tanto, debe ordenar cuánto gasta de lunes a domingo, si es para imprevistos o para juntar plata para comprar algo específico”, recomendó.
Agregó que en el caso de los adolescentes también es apropiado conversar respecto a cuáles son las necesidades concretas que cubrirán con esos recursos. “Por ejemplo, si es para la micro o la colación en el colegio, salidas de fines de semana o al cine, ropa, etc., y a partir de la definición de estas necesidades, estimar cuál es el costo de cada una, y en consecuencia, el dinero que se dará acorde a esta estimación”, recomendó.

CUANDO COMENZAR

Una de las principales interrogantes es cuándo comenzar a entregar mesada. Para el doctor en Economía Aplicada y académico de la FACE, Rodrigo Saens, un buen momento es cuando el niño o niña maneje las operaciones matemáticas básicas.
“Es importante que entiendan la diferencia entre cien y mil pesos, así como también que diez monedas de cien equivalen a mil pesos”, graficó.
Añadió que la mesada es una buena oportunidad para enseñar el valor de las cosas y del dinero. “Cuando uno adquiere algo siempre tiene que renunciar a otra cosa, lo que se llama el ‘costo de oportunidad’, es decir, pueden aprender a asignar recursos y que, por ejemplo, con un presupuesto determinado querer más chocolates significa tener menos dulces”, explicó.
El economista sostuvo que también es posible aprovechar esta experiencia para educar sobre la importancia del ahorro. “Que en el fondo implica sacrificar consumo presente para aumentar posibilidades futuras”, acotó.
No obstante, añadió que la edad no es impedimento para acercarlos al tema utilizando otro tipo de mecanismos.
“Es bueno que desde pequeños aprendan que una cosa es lo que quiere y otra lo que puede dada la cantidad de recursos que maneja tanto él como la familia y, en ese contexto, la mesada es una buena oportunidad para enseñar el valor de las cosas”, profundizó.
“Es típico que cuando salen a alguna parte piden que les compren cosas. Entonces se puede aprovechar ese momento para hacerlos elegir porque no necesitan sumar o restar para darse cuenta que está obligado, dada sus posibilidades, a optar y ese concepto de costo de oportunidad se le puede entregar desde muy temprano”, precisó.

“NO ME ALCANZA”

Otra pregunta recurrente entre quienes utilizan este mecanismo es cada cuánto y en cuánto reajustarlo. Según Rosario Spencer el tema requiere de una conversación previa, donde se debe aclarar para qué se requieren los fondos adicionales.
“Hay que tener en cuenta que en la adolescencia comienza la manifestación de conductas de riesgo como el consumo de alcohol, tabaco y otras drogas, por lo cual es responsabilidad de los padres informarse y mantener canales de comunicación abiertos y fluidos con sus hijos para saber si están o no gastando la plata en estos elementos”, recomendó.
La especialista advirtió que los más pequeños tampoco están exentos a enfrentar situaciones de riesgo. “Es importante ayudar y enseñar a los niños en edad escolar que hay cosas que pueden comprar con su mesada pero que no les traen beneficios y los perjudican, como es la comida chatarra”, puntualizó.
En este contexto, la profesora Spencer indicó que a los padres les corresponde la responsabilidad de dar el ejemplo respecto al buen uso de los recursos.
“Una de las preguntas que cabe responder es ¿cómo administran la plata? Si existe un desorden en la administración a nivel de los adultos es difícil transmitir a los hijos un modo de administración eficiente”, manifestó.
De igual modo, la psicóloga desestimó la posibilidad de condicionar la entrega o aumento de mesada al desempeño académico.
“Que el niño estudie y quiera sacarse buenas notas debiese responder a motivaciones de logro, y no al premio de recibir una cantidad de dinero. La educación y el comportamiento en el colegio no debiesen estar asociados al tema plata”, sentenció.
En esa línea dijo que si se trata de obtener recursos adicionales hay otras fórmulas que también pueden convertirse en fuente de aprendizaje. “Pueden hacer pequeños trabajos extras en la casa como lavar el auto o mantener el jardín, que puede ser valorados en términos económicos y que apuntan a retribuir por una labor realizada”, concluyó.